Las dotes de Arias, a prueba

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Las movilizaciones contra los Tratados de Libre Comercio no son nuevas en Costa Rica. Foto: AP A poco de haber cumplido los cien días de este, su segundo mandato en la presidencia de Costa Rica, puede que Oscar Arias vea a prueba sus dotes de «pacificador» y tenga que hacer gala del Nobel que le dio la Academia en 1987, diz que por «llevar la paz» a Centroamérica.

Puede también que el escepticismo provocado entonces por el título, sea mayor. Veinte años después y con el sedimento de tan larga retrospectiva, es fácil comprobar que más que desmovilizar a la contra y detener la masacre contra el pueblo nicaragüense, el de Guatemala y El Salvador, el proceso de paz de Esquipulas II —del que Arias se presentó como artífice— buscaba detener la ebullición revolucionaria del istmo, calorizada en aquellos tiempos por la existencia de la Revolución nicaragüense. Centroamérica era «un foco de conflicto».

Debe concederse que se logró. Pero siempre ha quedado en duda que el objetivo de tal «pacificación» fuese, limpiamente, detener la guerra sucia urdida por la administración de Ronald Reagan —con su dinero y sus armas a la contrarrevolución nicaragüense—, y acabar con las millonarias ayudas bélicas que los republicanos enviaban al ejército y a la dictadura de El Salvador... o sacar del juego al sandinismo —que en favor de la paz no escatimó tragos amargos—, y conducir a la negociación a dos movimientos guerrilleros pujantes como lo eran en esos años el FMLN y la URNG. Todo, en función de una democracia incompleta que aún sigue excluyendo.

Lo que se le viene ahora encima, sin embargo, puede ser más sencillo, aunque algún analista estime que Arias está «perdiendo rápidamente el prestigio...» luego de tres meses de gobierno, y otros señalen que su lado débil está, precisamente, en el desempeño hacia el interior. Y no falta algún líder popular que alerte de su propósito de privatizar las instituciones.

Según el observador José Mancuso, el Jefe de Estado ya ha sido increpado en público luego de subir en un 40 por ciento los sueldos de él y los integrantes de su equipo. A esas críticas se suma Ottón Solís, su más cercano contrincante en las elecciones de donde Arias emergió vencedor solo por la diferencia de un 1,1 por ciento de los votos, y quien ha criticado al mandatario por volar a Alemania para presenciar el encuentro entre el equipo nacional y el germano, en la jornada inaugural del reciente Mundial de fútbol. Pero Arias no se molestó y respondió alegando que, en sus tiempos de ministro, «Ottón fue uno de los que más viajó».

En una nación cuya tradicional ecuanimidad ha sido rota, en los últimos años, por el disgusto popular que provocaron sucesivos escándalos de corrupción donde estaban enrolados dos ex presidentes, el tema es explosivo.

Pero los retos más inmediatos para el mandatario puede que no vengan de ahí, sino del anuncio formulado esta semana por organizaciones sindicales y sociales que han prometido una huelga general los días 23 y 24 de octubre.

Es probable que el paro tenga avances el 15 de septiembre, cuando no se descartan movilizaciones que en algunas localidades se pueden adelantar para este sábado. El motivo es el mismo: cobran fuerza en Costa Rica quienes rechazan el CAFTA, el tratado de libre comercio suscrito por EE.UU. y, como un bloque, por Centroamérica y República Dominicana.

Se trata del único convenio subregional de ese tipo que Washington ha conseguido firmar en América Latina y, como los bilaterales, debe ser ratificado por los respectivos congresos. El legislativo costarricense —el único que falta del lado de acá— quiere acelerar las discusiones y tenerlo aprobado este año, para que entre en vigor a comienzos de 2007. Pero, en su contra, los movimientos populares, junto a los sindicatos y las universidades, hablan de medidas «coordinadas», en lo que pudiera ser una agenda de acciones conjuntas que aflora en Costa Rica por primera vez.

La noticia fluyó cuando 12 organizaciones sociales mandaron un mensaje a Santiago de Chile, desestimando la acción. Según trascendió en la prensa tica, Arias ha acariciado la idea de que aquel gobierno envíe una misión para persuadir de la conveniencia del tratado, ya que Chile fue el primer país latinoamericano en adherirse al «libre comercio».

Pudo ser un inicial esfuerzo pacificador de Oscar Arias en tierra propia, ante una Costa Rica que va dejando de ser la nación de bonanzas de ayer: veremos cuánto le demanda al Nobel.

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