El espíritu impotente

Autor:

Ricardo Ronquillo Bello

La historia humana sería una cosa demasiado estúpida sin el espíritu que los impotentes han introducido en ella [...], nos dice Nietzsche desde su controversial filosofía.

«A causa de esa impotencia el odio crece en ellos hasta convertirse en algo monstruoso y siniestro, en lo más espiritual y más venenoso», alega el sabio alemán, y algunos incidentes de estos días invitan a darle crédito. Sobre todo ahora, cuando me encuentro entre aquellos a quienes le ofrecen el «dulce privilegio» de ser asesinados en esas «72 horas para matar», que los más «radicales anticastristas» le piden al generoso imperio, para el momento en que esperan caiga la Revolución Cubana.

Avergüenza hacer público un mensaje como este, pero nada como él para ilustrar la «naturaleza humana y la devoción política» de algunos de quienes se autotitulan enemigos políticos de nuestro Socialismo: «...y tu ronquillo ni te pase por la mente venir para la YUMA cuando se despin… la m… de tu revolución, aquí te estamos esperando...», me anuncia el mensaje, cuya ortografía y redacción he respetado absolutamente. La nota vía correo electrónico me llega junto a otras, tras publicar un comentario sobre el terrorista Luis Posada Carriles bajo el título La perorata del apestado, donde intenté situarme en el dilema humano del asesino: este, despreciado por sus crímenes al final de su vida, recapitula las motivaciones de su existencia al borde del arrepentimiento.

Confieso que no valdría la pena darle luz a esas líneas si con ellas se tratase de una simple amenaza personal. Mas presumo que como algunas conocidas, y otras nunca difundidas, expresan la forma como el «maligno» se apoderó del espíritu de un sector de la contrarrevolución, hasta hacerlos ya no solo terminar como apestados, sino, además, como estúpidos.

¿O acaso alguien con un mínimo de materia gris haría públicos semejantes pronósticos, nada menos que con el propósito de ganar adeptos para su causa? Como si prometerle a un pueblo la venganza y la sangre como futuro resultara tan atractivo como un lema electoralista del machadato: «agua, caminos y escuelas».

La tranquilidad y madurez con que se ha asumido en Cuba la ausencia temporal de Fidel de sus cargos públicos, ha servido para corroborar, además, que hay vampiros en Miami —parafraseando el título de un popular animado criollo—, y que la anhelada «transición a una Cuba libre» no pasa de ser para ellos una vía libre para hacer de este caimán con sus islas adyacentes el «vampisol» de sus sueños.

Lo traspiran otros mensajes llegados a nuestra redacción esta misma semana, que están ahí para advertir que las «72 horas para matar» no es un invento de la «cúpula comunista» y sus «medios oficiales» para asustar al pueblo con aquello de que «viene el cuco».

«...El futuro de la isla, en nuestra opinión, es negro y violento...», manifiesta uno de los agoreros, mientras otra carta demuestra que existe también una «enfermedad infantil del anticomunismo».

Este último la coge nada menos que con la información sobre dos calabazas, de aproximadamente un metro de largo y 20 libras de peso, convertidas en la atracción de muchos vecinos en el Vedado capitalino, publicada como una curiosidad en las ediciones de esta semana.

¿Quién le dice a usted?, como diría un guajiro, que al metafórico enemigo de la Revolución, quien cuestiona el verismo de nuestra prensa, se le ocurre que la foto debió ser arreglada —fíjese bien cuanta imaginación—, y en vez de una calabaza, la singular cultivadora citadina estaría mostrando la cabeza de algún dirigente cubano... y termina con una interrogante: «¿Ya empezó la purga?».

Al repasar estos mensajes recordé el gesto más revelador de la ética, la humanidad y el revolucionario que fue José Martí. El Apóstol no solo fue capaz de perdonar a un hombre que intentó envenenarlo, y por cuyo bebedizo sufrió toda su vida, sino que además lo convirtió en devoto de la libertad, por cuya causa murió luchando en el campo insurrecto. Herencia crucial en el alma de Cuba.

En algo le faltó razón a Nietzsche: La historia humana sería más hermosa y más cálida sin el espíritu de los impotentes.

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