Estados Unidos premia a sus malvados

Autor:

Juana Carrasco Martín

Ishaqi fue otra masacre. Foto: AP

El sargento Frank Wuterich casi puede celebrar. Su jefe de pelotón —el teniente William T. Kallop—, habló tan bien de su actuación que lo propuso para recibir una medalla. ¿Cuál fue la hazaña del sargento? Liderar la escuadra de marines que asaltaron tres viviendas del poblado de Haditha y asesinaron a sangre fría a 24 civiles iraquíes el 19 de noviembre de 2005, incluidos mujeres y niños. La «heroica» acción tuvo su recompensa ese mismo día: una medalla para Wuterich.

Los documentos militares que prueban tamaño descrédito han sido dados a conocer por The Washington Post. Se trata de un elogioso memo donde el teniente Kallop habla del estallido de una bomba de camino, de una supuesta andanada de disparos de armas automáticas procedentes de varias casas en el vecindario, y del liderazgo en el «contraataque» realizado por Wuterich. Casualmente, el informe para poder darle la condecoración al sargento no menciona en lo absoluto que los muertos eran civiles, pero otros documentos sí detallan las acciones combativas de Wuterich desde septiembre hasta diciembre de 2005.

Hay que decir que Kallop también recibió reconocimiento por sus «méritos» guerreros, pues fue promovido a primer teniente el pasado mayo.

De esta forma dos militares tan «pundonorosos» y galardonados han tenido ahora que buscar abogados para que defiendan su actuación, puesto que ambos están sujetos, junto a otros marines, a la pesquisa del Servicio Naval de Investigación Criminal por lo que fue una masacre y que los leguleyos de la defensa presentan como «un infortunado daño colateral de la guerra».

En realidad no están muy complicados todavía, porque ninguno ha sido acusado de crimen alguno, y los abogados esperan que los documentos elogiosos sirvan de aval a sus «buenos servicios», y por demás, Wuterich fue también ascendido a sargento mayor, un premio aprobado por el comandante de la Compañía Kilo, enviado al batallón, al regimiento y a la división, aunque el vocero del Cuerpo de Marines, teniente coronel Scout Fazekas, —quien se niega a discutir el incidente de Haditha— asegura que no han encontrado evidencias en los archivos oficiales de ese estímulo.

Como puede verse, algunos de esos galardones fueron otorgados luego de que se comenzara en marzo de 2006 una investigación de los hechos y se hurgara en la responsabilidad del mando que no investigó en su momento cómo fue posible que las víctimas fueran todos civiles y una parte de ellas mujeres y niños.

La realidad es que Haditha no ha sido un caso en solitario y, por otra parte, la mayoría de los soldados y marines estadounidenses acusados de asesinar o provocar la muerte a civiles han sido absueltos, encontrados culpables solo de ofensas menores o sin que se les haga juicio apenas reciben algún castigo administrativo.

The Washington Post también reportaba que aunque los expertos estiman que miles de iraquíes han muerto a manos de las fuerzas de Estados Unidos, solo 39 hombres en servicio han sido acusados formalmente en relación con la muerte de 20 iraquíes desde el año 2003 hasta este 2006.

Cuestión de impunidad y de premiar lo malvado.

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