Cohesionar lo heterogéneo

Autor:

Juana Carrasco Martín

PARA Gabriel García Márquez el Movimiento de los No Alineados es la representación moderna de la Torre de Babel. Esa descripción la hizo en 1983, cuando en Nueva Delhi se reunieron unos 60 mandatarios en la VII Conferencia Cumbre. Entonces le sobraban al mundo conflictos y problemas, y algunos de ellos involucraban a países miembros, pero añadía el afamado escritor: «Lo asombroso es que las cosas marchen».

Con seis cónclaves más en el haber de los NOAL, tras sobrepasar un período crítico en que no pocos consideraron que debía pronunciarse su réquiem, y en una situación internacional mucho más complicada, Cuba se apresta este lunes a repetir como anfitriona ante la urgencia de revitalizar principios, concertación, cooperación y solidaridad entre un número bien importante de países del Tercer Mundo.

Tras la estrepitosa caída del socialismo europeo, y con él de la bipolaridad, que signó el fin del siglo y del segundo milenio, parecía que todo quedaba en manos del hegemonismo washingtoniano, sobre todo con la llegada a la Casa Blanca de lo más conspicuo del extremismo neoconservador, pero el bushianismo, con sus prácticas guerreras y los temores que inspiran sus fantasmas terroristas, solo vino a confirmar la creciente necesidad de los No Alineados.

Ese resurgimiento —avizorado ya en la XII Cumbre de Durban en Sudáfrica, y alimentado durante tres años más por el papel de Malasia—, viene ahora en busca de una consolidación. La Habana está dispuesta a poner su hombro en este propósito, con la sana intención de que nada se quede en discursos o simple retórica, sino en acciones para enfrentar los mayores retos del mundo globalizado, en el que solo tienen cabida quienes puedan avanzar desarrollándose.

Pero el asunto no es cosa de cantar y coser, ya en las reuniones preparatorias, como es el caso del debate interactivo de la reunión ministerial del Buró de Coordinación del Movimiento de Países No Alineados, celebrado en Malasia en mayo de este año, el canciller cubano Felipe Pérez Roque advirtió la necesidad de la cohesión en este colectivo heterogéneo desde el punto de vista confesional, cultural e ideológico, diverso en los niveles de desarrollo de su membresía, en la historia y los intereses nacionales específicos.

Así, fuerza y peligro van juntos en espectro tan amplio, y ninguno pasa inadvertido a un Washington que quiere mandar a sus anchas. De ahí la advertencia del Ministro, si se imponen la desunión y el resquebrajamiento «somos fácil presa de la fuerza brutal de las presiones que ejercen los países más poderosos que así terminan imponiendo su voluntad».

De forma muy concreta el periodista chileno Ernesto Carmona, en un análisis reciente de lo que significará este encuentro de La Habana, decía que «los más altos representantes imperiales del comercio y la diplomacia han visitado varias naciones de la región, para lograr que sus gobiernos no participen en la Cumbre. También les pidieron que formulen propuestas conflictivas pero de interés para Washington».

Para llegar a esta conclusión se basó en reportes de agencias informativas y de periódicos de la región sobre la intensa actividad desplegada ante los gobiernos del área por tres de los alabarderos de la administración de George W. Bush: Thomas Shannon, secretario asistente para Asuntos Interamericanos; Everett Eissentat, representante Comercial para las Américas; y Mary Sullivan, directora para el Cono Sur y Brasil.

Los diablillos hacen de las suyas, pero la XIV Cumbre y los tres años subsiguientes pueden ser el portazo a tan malas intenciones…

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