Otro revuelo con los vuelos secretos de la CIA

Autor:

Juana Carrasco Martín

Foto reciente de un prisionero en el campo de concentración de la Base Naval de Guantánamo. Foto: AP El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, acaba de negar toda participación en los vuelos secretos de la CIA en Portugal o haber tenido conocimiento de ellos cuando era primer ministro del país. Estas aclaraciones son parte del revuelo formado por una actuación criminal y violatoria del derecho internacional con la que Estados Unidos ha complicado a prácticamente todos sus socios de la OTAN y algunos más en el resto del mundo.

Barroso no prestará testimonio ante los investigadores del Parlamento Europeo, dijo Laitenberger, su vocero, quien agregó que corresponde a las autoridades portuguesas, no a la Comisión Europea, proporcionar información o aclaraciones sobre este asunto. No es el portugués el único que está en el banquillo. Los aviones de la CIA hicieron escala en no pocos aeropuertos europeos, —de Gran Bretaña, Alemania, España y nórdicos, entre otros—, mientras agentes suyos secuestraron en Italia y en algún punto de los Balcanes…

El asunto no tiene punto final y en estos momentos, el Pentágono se ve obligado a revelar algunos pormenores de esa actividad represiva globalizada por el imperio. Este lunes, por ejemplo, reconoció que ha tenido encarcelado desde hace cinco meses, sin tener cargos contra él, a Bilal Hussein, un fotógrafo de la agencia AP en Iraq por supuestos «indicios» de que estaría vinculado a grupos de la resistencia.

Sin embargo, la agencia AP informó que en su propia evaluación del trabajo de Hussein no había encontrado indicios de contactos inapropiados con insurgentes, y demandó que sea liberado o formalmente acusado. Pero no se sabe cuál será su suerte a pesar de ese fuerte padrinazgo.

Mucho menos la de los 14 000 detenidos en las prisiones de guerra estadounidenses, toda una red mundial que comenzó en los propios Estados Unidos tras el atentado del 11 de septiembre, continuó en la agredida Afganistán, fue extendida a la Base Naval de Guantánamo —en el territorio cubano ilegalmente ocupado desde hace más de cien años—, se reveló sede de torturas, asesinatos y avasallamiento en Abu Ghraib, una de las más de una decena que tienen en el Iraq ocupado, y se prolongan en muchos rincones verdaderamente oscuros de su mundo.

Precisamente la AP entrevistó a algunos de los prisioneros ya liberados y estos testimoniaron a la prensa. Uno de ellos, Amjad Quassim al-Aliway, tendero de Bagdad, dijo:«Es difícil de creer que ya estoy fuera. Viví con los norteamericanos durante un año y ocho meses, fue como si yo estuviera viviendo en el infierno».

Él es uno de las decenas de miles capturados en los campos de batalla, sacados de sus camas en medio de la noche o detenidos en las calles por sospechas de insurgencia, que después de largos meses y hasta años de encierro y de interrogatorios extenuantes y degradantes, han sido puestos en libertad y nadie les ha dado ninguna explicación del porqué fueron sometidos a tanto ultraje.

Según la Cruz Roja Internacional entre el 70 y el 90 por ciento de las detenciones que se han realizado en Iraq desde el año 2003 son «errores» de los militares estadounidenses.

Ese avasallamiento ha incluido torturas físicas y mentales, maltratos, insultos confesionales y otras prácticas infames. La prueba —además de las famosas fotos de Abu Ghraib, los testimonios de algunas de las víctimas y las denuncias de familiares y abogados de los detenidos— está en que el pasado 6 de septiembre el Pentágono reconoció que tenía un nuevo manual de interrogatorios en el que se prohibía mantener desnudos a sus prisioneros, encapuchados, en posiciones estresantes y otras técnicas abusivas. Si ahora se prohíben es porque hasta ahora se hacían.

Nada han hablado hasta ahora de las docenas de detenidos que han muerto a consecuencia del trato recibido; tampoco se conoce cuántas son, dónde están y a quiénes tienen en las prisiones secretas.

Lo que una vez se describió como limbo legal ha sido y continúa siendo para muchos un verdadero infierno, amparado en la «guerra contra el terror», con la que George W. Bush estableció y globalizó su terrorismo de Estado. Y a no dudarlo, en ello ha tenido y tiene cómplices…

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