¿La misma cosa?

Autor:

Juventud Rebelde

Hemos celebrado este 20 de octubre el Día de la Cultura Cubana en apego a nuestras raíces. Algo parecido sucederá el 19 de noviembre, Día de la Cultura Física y el Deporte.

Ambas fechas atesoran especiales significados por las inmensas satisfacciones que estas esferas han proporcionado al pueblo durante todos estos años de cotidiano e intenso quehacer.

Tanto una actividad como la otra tienen entre sus grandes objetivos la satisfacción de las infinitas necesidades espirituales de cada ciudadano, sin distinción de razas, credos o colores, así viva en Gran Tierra o pegado al Faro Roncalli.

Colosales esfuerzos se han realizado para que proliferen las instituciones culturales y deportivas en todos los rincones del país, amén de la permanente preocupación por formar la imprescindible fuerza técnica.

Píndaro sentenció con mucha razón que Deporte es Cultura y 25 siglos después muchos han acuñado la certeza de un razonamiento que invita y convoca a meditar, sobre todo en un sistema social como el nuestro, donde estas manifestaciones responden a idénticos intereses.

Valdría la pena analizar, por ejemplo, la posibilidad real de establecer jornadas que abarquen cada año desde el 20 de octubre y hasta el 19 de noviembre con el objetivo de que el Ministerio de Cultura y el INDER se enfrasquen en la realización conjunta de actividades culturales y deportivas y para ello utilicen las más apropiadas instalaciones que poseen estas entidades.

Soy del criterio de que no sería descabellado ofrecer en cualquier Casa de Cultura un espectáculo donde armonicen una obra de teatro con una simultánea de ajedrez; o una muestra de obras de arte comparta espacio con los trofeos, medallas u otros lauros conquistados por atletas de equis territorio.

¿Está prohibido que la puesta en escena de un ballet no sea antecedida por una demostración de gimnasia musical? ¿Alguien puede negar entonces que es posible tomar el cielo por asalto en este empeño?

La simbiosis sería hermosa desde todo punto de vista. Los horizontes se ampliarían, proliferarían las iniciativas y todo redundaría en beneficio de las grandes masas, siempre ávidas de espectáculos donde el buen gusto y la creatividad se den las manos.

Pienso que con hacer el esfuerzo no se pierde nada. Lo necesario es poner las neuronas en función de una iniciativa que, a fin de cuentas, un mes al año no haría mucho «daño».

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