Entre hacha y pañuelo

Autor:

Luis Luque Álvarez

Israel no ha engavetado su política de colonias ilegales. Foto: AP En la diestra, un pañuelo blanco. En la siniestra, un hacha.

Primero el pañuelito: el 25 de diciembre, el gobierno israelí decretó un grupo de medidas para «reducir, en el mayor nivel posible, las causas de malestar contra Israel», según el ministro de Defensa, Amir Peretz.

Bajo las nuevas disposiciones, se reducirá la edad mínima de los palestinos autorizados a entrar a Israel —muchos en busca de trabajo para alimentar a sus familias— y disminuirán los controles a las mercancías que circulan en los camiones hacia el Estado sionista, de modo que, cuando lleguen, ¡aún sirvan!

Asimismo, 59 de los 400 puntos de control del ejército israelí en Cisjordania, serán desmantelados. Y otra dádiva: unos 30 palestinos encarcelados por Israel, serán puestos en libertad. Un verdadero «gesto de buena voluntad».

Parecería que Tel Aviv está haciendo un regalo de fin de año. El ahorcado, pensarán algunos, debe agradecer que se le eche algo de aire con un abanico, mientras la soga permanece apretándole insoportablemente el gaznate.

El disparate está en la raíz. No habría palestinos, ni jóvenes ni adultos, obligados a viajar diariamente a Israel, si su economía no estuviera en el caos, gracias a la destrucción que los cohetes israelíes han ocasionado en sus infraestructuras, y por añadidura, al bloqueo de las ayudas financieras por parte de EE.UU. y la Unión Europea, quienes se zafan de su responsabilidad histórica porque aún no haya un Estado árabe en Tierra Santa.

En cuanto a los puntos de control, que obstruyen el paso entre los poblados palestinos, y que solo se abren si el militar de turno está de humor o si pasa una mosca haciendo cuclillas, menudo avance es que desaparezcan 59. ¿Qué hay de los 340 restantes? ¿Son acaso menos ilegales que los primeros?

Por último, el asunto de los 30 presos que saldrán en libertad mueve a recordar que no son cien ni 200, sino 10 000

—¡10 000!— los palestinos encarcelados por Israel... Y Tel Aviv cree hacer gran concesión liberando a 30. Vaya gota de un mar.

No queda mucho del pañuelo, tan blanco y tan sedoso.

Fijémonos entonces en el hacha. El ministro de Defensa ha autorizado la construcción de una colonia en Cisjordania: Maskiot, que se levantará en una antigua base militar israelí, para realojar a colonos desplazados de Gaza en agosto de 2005.

¿Qué tiene de particular el suceso? Pues que se trata de la primera vez desde 1992 en que se edifica un nuevo asentamiento en zonas palestinas. Sí, claro, jamás se dejaron de levantar viviendas de colonos, pero siempre se disfrazó como el «crecimiento natural» de esos enclaves, que se ampliaban. Ni Sharon traspasó tan desembozadamente esa línea. Y esto lo ordena un ministro de Defensa que otrora se opuso al hoy durmiente ex primer ministro porque no tenía un plan de paz efectivo con los palestinos.

Así, para Peretz, lo que es errado desde la oposición, es oportuno desde el gobierno.

La Hoja de ruta, aquel mejunje cocinado por la Casa Blanca en 2003 como plan de paz, estipulaba: «El gobierno de Israel congela toda la actividad de asentamientos (incluido el crecimiento natural de estos)». Y Tel Aviv lo aceptó. ¿Será que se le perdió su copia del documento?

Tal vez, en realidad, le ha faltado un pañuelo en la diestra.

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