Eneros en la vida de Martí

Autor:

Juventud Rebelde

Enero, además de haber sido el mes en que viera la luz el Maestro, un día 28 del año 1853, está asociado a una impresionante cantidad de hechos trascendentes en su corta pero ejemplar vida. De ello hube de percatarme recientemente al revisar, una vez más, la siempre útil Cronología preparada por el Dr. Ibrahím Hidalgo Paz.

Pasaré revista solo a aquellos acontecimientos que ocurridos en el primer mes del año, en mi opinión, marcan momentos de especial relevancia en la biografía del Apóstol.

En enero, tuvieron lugar algunos de sus más importantes viajes. Fue un 15 de enero de 1871 cuando, a bordo del vapor Guipúzcoa, sale deportado por primera vez a España.

Quiso el azar que fuera también en este mes, cuando emprende el viaje de retorno a tierras americanas, pero esta vez, un día dos del año 1875, en que parte de Liverpool, rumbo a México, pasando antes por la ciudad de Nueva York, adonde llega el día 14 y permanece hasta el día 26, en que sigue viaje hacia la patria de Juárez, tocando antes, sin bajar a tierra, el puerto habanero, el 31 de enero.

En enero de 1877, procedente de Guatemala, viaja clandestinamente a Cuba con documentos a nombre de Julián Pérez, mientras que un año después, en 1878, junto a Carmen Zayas Bazán estará viajando, recién casado, de México a la tierra del quetzal.

El 3 de enero de 1880, procedente del puerto de Le Havre, llega a Nueva York nuevamente. Un año más tarde, en 1881, arriba a tierra venezolana y en Caracas, «sin sacudirse el polvo del camino», ni preguntar «dónde se comía ni se dormía» irá a rendir sentido homenaje al Libertador.

El inicio del viaje más trascendental que realizara tendría también lugar un mes de enero, cuando el día 30, en 1895, parte de Estados Unidos rumbo a Montecristi, desde donde vendrá más tarde a Cuba a librar la Guerra necesaria.

A enero están unidos también otros significativos momentos. Aparecen en 1869 su primer artículo político en El Diablo Cojuelo y en La Patria Libre el poema dramático Abdala.

Se considera que fue en enero de 1876 cuando utilizó por primera vez, de forma escrita, la expresión Nuestra América, al plasmar la idea: «Si Europa fuera el cerebro, nuestra América sería el corazón», en artículo publicado, en México, en la Revista Universal (Obras Completas, tomo 6,p. 423).

En enero de 1879 conoce en La Habana a Juan Gualberto Gómez, es elegido secretario de la Sección de Literatura del Liceo de Guanabacoa; pronuncia, en el propio Liceo, un discurso en homenaje al fallecido poeta Alfredo Torroella, pasa a ser miembro de la Sección de Instrucción del Liceo Artístico y Literario de Regla.

Un año más tarde, en Nueva York, lo designan vocal del Comité Revolucionario Cubano y pronuncia el discurso conocido como Lectura en Steck Hall.

En enero de 1884 ocupa el cargo de director de la revista La América. En 1886 es publicada la traducción que hiciera de la novela Called Back, a la que titula Misterio.

El 27 de enero de 1888 se despide por última vez de su madre, quien parte a La Habana, después de permanecer dos meses junto a él en Nueva York.

El cenital ensayo Nuestra América aparece el día primero de enero de 1891 en La Revista Ilustrada de Nueva York. El propio mes es nombrado representante de la República Oriental del Uruguay ante la Comisión Monetaria Internacional Americana. Será en enero, pero de 1892, que presenta las Bases del Partido Revolucionario Cubano.

También en enero, esta vez del año 1895, tendrán lugar los aciagos hechos de Fernandina, que pusieron en serio peligro la realización de los planes revolucionarios, y ante los cuales se evidencian su fuerza de voluntad y la decisión inquebrantable de no cejar en el empeño de cumplir el compromiso contraído con la Patria.

Todo lo anterior demuestra que difícilmente haya otro mes del año que iguale o supere tal riqueza de acontecimientos trascendentes en la vida de aquel que en versos proclamara la hermosura de una noche: «De enero de mi patria en las llanuras» (O.C. 17,72), para quien las adversidades no eran más que «nubes de enero que pasan con los vientos de febrero» (O.C. 20, 69), para aquel que estuvo presto a cultivar, para todos, la rosa blanca en «julio como en enero» (O.C. 16,117).

*Investigador del Centro de Estudios sobre América.

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