El «despertar social» de Segolene

Autor:

Luis Luque Álvarez

La candidata socialista Segolene Royal. Foto: AP Dice que estaba «en fase de escucha», y que por eso el electorado no tenía nuevas de ella.

Mientras el derechista Nicolas Sarkozy tomaba fuerza en los sondeos, de su rival solo se sabían algunas torpezas, como cuando expresó algo sobre «la soberanía y la libertad» del Québec canadiense, y provocó una airada reacción de Ottawa. A propósito, ¿no dijo De Gaulle algo parecido en su momento...?

Pero se acabó el silencio y la «escucha». Y el domingo, la candidata presidencial del Partido Socialista francés, Segolene Royal, saltó al ruedo nuevamente con 100 propuestas para los votantes: «Más justa, Francia será más fuerte», señala su nuevo lema.

Y por la izquierda se ha ido, de modo que asombra. Algunos la acusaban de utilizar fórmulas de la derecha —como la propuesta de utilizar el ejército para combatir la delincuencia—, o su nada escondida admiración por Tony Blair, el mejor amigo de George.

Se planta ahora Segolene con el anuncio de que, si fuera elegida, el Estado se ocupará de la creación de 120 000 viviendas anuales accesibles a los ciudadanos; que se pagará el 90 por ciento de sus salarios durante un año a quienes resulten despedidos; que se erigirán «jurados ciudadanos» para fiscalizar el desempeño de los cargos públicos.

Asimismo, promete aumentar el salario mínimo de 1 250 a 1 500 euros, incrementar en un cinco por ciento las pensiones y dar prioridad a las fuentes de energía renovable, que significarían el 20 por ciento del consumo total en 2020.

«No olvidaré a nadie, porque Francia, para recuperarse, necesita a todos, hombres y mujeres», exultó.

Y claro, los aplausos la sepultaron durante un buen rato. Único problema: ¿de dónde saldrá el dinero para tan gentiles planes?

Por ahí está precisamente la interrogante de la derecha. El actual ministro de Finanzas, Thierry Breton, quiso dejar claro que tales proyectos costarán «miles de millones de euros, imposibles de financiar».

Y es que a algunos les resulta sorprendente que, no bien la Comisión Europea acaba de cerrar el expediente abierto a Francia hace tres años por su déficit público (que no debe sobrepasar el tres por ciento en la eurozona), ya se anuncien nuevas oportunidades de gastos.

El comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, apuntó en enero que el país galo ha sido un «mal alumno», pero que «ha aprendido la lección», y ha reclamado que París haga un mayor esfuerzo de ajuste estructural en 2007 y controle más las erogaciones.

Estos panderetazos desde Bruselas le deben sonar como truenos a la Royal. Sin embargo, si de veras quiere ser coherente con su profesión de izquierdas, debe velar más por lo social y no andarse con remilgos de ahorro.

Los disturbios de noviembre de 2005, y la protesta juvenil contra la absurda ley que precarizaba aún más el trabajo, en marzo de 2006, envían ciertas señales de que el gobierno de una de las naciones más ricas del orbe tiene que implicarse. Sarkozy, ya se sabe, es más de lo mismo, aunque ahora le dé por andar diciendo que él no es un conservador y que se ríe de las etiquetas, para cautivar a los ingenuos...

Medidas reales, efectivas, son las que necesita la Francia social. Segolene Royal, en su despertar, blande un manojo de estas. De llegar al Elíseo, habría que ver cuántas se traducen en hechos.

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