Sentirse extraño en tierra propia

Autor:

Juventud Rebelde

Una vez, resumiendo un año de labor periodística conjunta, escribí a un compañero y amigo que si un día Cuba era atacada, con el fusil su puntería sería seguramente tan certera como con la palabra. Mi compañero, mi hermano, nunca llegó a tomar el fusil, y hoy ya no puede regalarnos su periodismo; sus palabras precisas ya no se escuchan, su voz ya no traspasa el éter. Mike murió en La Habana, hace unos dos años. Mike era un Pantera Negra.

Combatiente callejero en Norteamérica, al igual que otros Panteras evadió la cárcel y la muerte segura y partió un día hacia Cuba. En Cuba estudió, se hizo periodista, fue padre de una fina niña, y vivió y murió como un cubano más.

Pero Mike hablaba poco del pasado, de esa historia de lucha y de resistencia que ahora, vívidamente, nos trae Mumia Abu-Jamal en un título que se presentó en la Feria del Libro de La Habana.

El Partido Pantera Negra es una obra inusual en estas latitudes. Revela desde dentro la saga de una organización militante y rebelde en las calles de los Estados Unidos, la organización más revolucionaria que ha existido en ese país, que floreció, golpeó duramente en la conciencia de la sociedad, y feneció, víctima en primer lugar, de las intrigas de las agencias norteamericanas de espionaje y represión.

Es esta tal vez una de las lecciones más importantes de este libro hoy, en momentos en que en Estados Unidos la llamada Ley Patriótica cercena groseramente muchos de los mismos derechos y libertades que el FBI violó sin vacilación en su campaña contra el Partido Pantera Negra.

«Todo lo que hace 30 años era ilegal —explicaba recientemente Mumia al programa radial Democracy Now—, el robo de correspondencia, los allanamientos, el uso de agentes provocadores, todo eso que era ilegal entonces, bajo la Ley Patriótica se hace legal, y ello es obsceno».

En este sentido, otra lección que nos trae Mumia en su libro es ver cómo la dirección de la organización, aferrada a un enfoque legalista, creyó que habría líneas de elemental decoro que las autoridades estadounidenses no se atreverían a cruzar. No reconocer la capacidad de engaño, maquinación e intriga del FBI y otras agencias federales fue un error lamentable y costoso.

Pero tal vez la esencia que más claramente emana de El Partido Pantera Negra, aquello que de manera más gráfica ha de quedar en el lector cubano, sea, al decir del propio Mumia, «ese profundo sentir, esa sensación de ser extraño, que aún vive en el corazón de millones de hombres y mujeres negros en los Estados Unidos», las experiencias sufridas por los norteamericanos negros en una tierra donde viven sintiéndose eternamente extraños. El Partido Pantera Negra puede hoy pertenecer al pasado, pero ese sentir, que un día lo hizo emerger, aún permanece.

A los cubanos, que sentimos a África correr por nuestra sangre, puede resultarnos difícil imaginar esta sensación.

No había leído antes este libro de Mumia, y ya no podré preguntar a Mike cuán extraño pudo sentirse en Cuba, pero intuyo su respuesta.

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