El otro periodismo

Autor:

Juventud Rebelde

La llamada vida moderna, con sus cargas de agitación y estrés; con su voluminoso y casi siempre engañoso fardo informativo (léase Internet, satélites, video celulares, DVD y otras novedosas tecnologías) desdeña a los juglares: esas personas gracias a las cuales conocemos, desde épocas inmemoriales, cómo éramos antes de tanto invento.

Cuando el intercambio de criterios persona a persona parece haber sido sustituido por las pantallas y está a punto de fenecer, reverdece, en un rinconcito de La Habana, para la salud cultural e ideológica en la comunidad.

En la céntrica esquina de Neptuno y Manrique, en lo que antaño fuera una sastrería, funciona el Centro de Periodismo Comunitario, sitio donde la modernidad se toma un receso para ceder espacio a la reflexión.

Mentes, no máquinas, confluyen allí para el tan necesario tú a tú sobre las realidades del mundo actual dentro y fuera de la ínsula.

El colega Sergio Amarante, gracias a su perseverancia, es el principal alquimista de este invento que para muchos pudiera parecer de locos: al lugar acuden personas de los más disímiles oficios y profesiones —en su mayoría jóvenes— y, en sano contrapunteo con los más añosos, expresan lo que bulle en sus mentes y corazones donde, al final, se imponen la razón y la verdad.

«Se conversa y se analiza», —me confesó alguien con quien coincidí en uno de estos singulares encuentros, el cual me dejó la sensación cierta de que las utopías aún son posibles si alguien les tiende la mano.

Pasadas las nueve de esa noche particular, en mi cabeza comenzaron a bullir las opiniones de generaciones diversas sobre el tema que los convocó: la vida y la obra de José Martí.

Tras la introducción de Mario, el historiador, fluyeron en torrente las simientes que nutren el espíritu. Santiago, octogenario carbonero que ahora rompió el fuego para agradecer ese espacio junto a profesionales. Y la réplica no se hizo esperar, en un espacio donde todo es a la inversa y los letrados se nutrían de su savia.

Allí se escucharon las opiniones de Amarante y Chiri, el trabajador por cuenta propia; Fabiana, con su canción imprescindible, y hasta un dúo que regaló amor en cada nota cantada... No faltó la voz de un joven que ilustró a muchos con anécdotas del Maestro... Alma nacional en noche de juglares de la comunidad, espacio vital.

De regreso a casa, pensaba que sitios así educan y alimentan; colman el alma y el espíritu.

Pero lo más sorprendente es cómo este espacio está asomando a muchos al microcosmos del periodismo, a la necesidad de comunicar y llevar ideas a los demás. Así, entre los vaivenes de la prisa en la que se instruyen sobre los rudimentos del oficio, los vi y pensé en los 60, cuando de la nada levantamos escuelas de corresponsales y tantos buenos profesionales de los medios aprendieron los primeros pasos de este incurable padecimiento de contar.

Partí con la convicción de que en verdad la historia vuelve al punto de partida, y que la experiencia singular de Neptuno y Manrique es de las mejores maneras para conocer acerca de cómo somos y cómo queremos ser.

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