«En calor», pero con un hueso en la garganta

Autor:

Juana Carrasco Martín

Algunos de los manifestantes en la Cibeles vestían como los detenidos en la Base Penal de Guantánamo. Foto: AP Aunque la agencia de prensa parecía referirse exclusivamente al vehículo y no a la agenda que llevó Condoleezza Rice a Madrid, la descripción le venía como sayo a la medida para la prepotencia de la señorita Chevron: «... Llegó a su cita con Moratinos “a la americana”, a bordo de un todoterreno blindado blanco con los cristales negros, procedente del Palacio de la Zarzuela, donde había mantenido antes un encuentro con el rey Juan Carlos».

Tanto en la reunión con el canciller Miguel Ángel Moratinos, como con el jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa, la secretaria de Estado norteamericana se empeñó en un punto: presionar sobre la política que a su juicio debiera llevar España con Cuba; aunque no desaprovechó la oportunidad para sacar a relucir el rencor que todavía le guarda al gobierno del PSOE por la decisión de retirar las tropas españolas de Iraq. «Se hizo muy deprisa y sin avisar a los aliados...», fue la queja.

Tan es así que, en sordina, autoridades del país anfitrión reconocieron que —tal y como sucedió— no esperaban que Zapatero fuera invitado a visitar Washington, un veto que George W. Bush le impuso y le mantiene desde entonces; pero matizaron de verde la propia visita de la Rice, la primera de alto nivel desde aquel distanciamiento, luego de que ambas partes destacaron su satisfacción por la buena marcha de las relaciones bilaterales y los intercambios económicos.

«La relación va entrando en calor», apuntó Rice tras reconocer que «no es ningún secreto que hubo una diferencia clara en Iraq».

Sin embargo, la discrepancia se hizo evidente en cuanto a la política a seguir con Cuba, cuando Condoleeza fue en busca de la España a lo Aznar, la del ataque abierto y la confabulación para intentar el derrocamiento de la Revolución Cubana.

Les molesta en especial el diálogo entre Madrid y La Habana, y lo ven como un posible debilitamiento de la llamada «posición común» europea, la que será analizada próximamente, y con la cual el Viejo Continente se sumó al carro estadounidense del continuo ataque y el más duro bloqueo contra Cuba.

La Isla cubana volvió a trascender cuando la jefa de la diplomacia de George W. Bush se reunió con Mariano Rajoy, líder del Partido Popular (PP), el fiel aliado estadounidense de la era Aznar, que prosigue igual línea y por tanto comparte esas posiciones; y arremetió también contra esta espina que se les atraviesa en el Caribe cuando fue entrevistada por la Televisión Española.

El estímulo a la subversión fue su mensaje abierto: «No va a haber una continuidad del actual régimen», les prometió «a la oposición y a los disidentes», los términos de su fraseología para designar a sus empleadillos internos y a la mafia de Miami, reverdecida ahora con la presencia en esa ciudad del terrorista Luis Posada Carriles.

Los verdaderos puntos calientes, sin embargo, tuvieron procedencia popular.

El jueves, previo a la visita relámpago de apenas ocho horas, pero que le permitió «normalizar» las relaciones, más de medio millar de personas se concentraron frente a la embajada de EE.UU. en Madrid para repudiar a la señorita. Este viernes, organizaciones sociales, asociaciones y movimientos de solidaridad, sindicatos y formaciones políticas marcharon con igual propósito desde la Plaza de la Cibeles hasta la Puerta del Sol.

Las demandas coreadas pasaron revista a lo que realmente representa: «Condoleezza Rice, vete a casa», «Retírense de Afganistán, Iraq y Líbano», «Cerrar el campo de concentración y torturas de Guantánamo», «Fuera las bases de la OTAN», «Castigo para los asesinos de José Couso».

Luego, la Rice partió de vuelta a su casa desde la base militar de Torrejón... Llevaba como logro un mantón de Manila y el desentumecimiento de las relaciones, pero el huesito duro de roer seguía atravesado en su garganta.

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