La pelea del siglo XXI

Autor:

Juventud Rebelde

HACE unos meses el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, dijo, sin temor al que dirán, ni a lo que harán sus enemigos, que el proceso que él lidera se inscribe, decididamente, en la construcción del Socialismo del Siglo XXI. Más claro —según se acostumbra a decir— echarle agua. Eso dijo Chávez, triunfador incuestionablemente democrático en cuanto acto electoral haya sido atravesado por los venezolanos en la última década.

Sin embargo, como era de esperar —siempre es de esperar— saltándose la constitución e infinidad de argumentos jurídicos internacionales, los dueños de Radio Caracas de Televisión Venezolana (RCTV), a los que se les acabó el tiempo de «su propiedad» sobre una franja del espacio radioeléctrico, pusieron el grito en el cielo, reclamando seguir siendo dueños del aire.

En la apertura de las recientes jornadas —convocadas por Telesur— para debatir sobre el derecho que tiene todo ciudadano a informar y estar informado, Chávez dijo, de viva voz, que la renovación de la concesión pretendida por los dueños de RCTV solo sería posible si él dejara de ser Presidente.

Sin lugar a dudas, asistimos a un combate que no admite medias tintas. Es a todo o nada. Porque lo que hace el centro de la disputa, tal cual lo saben y lo ejercitan los dueños de RCTV, es el futuro de la República Bolivariana de Venezuela y no el futuro de un canal de televisión. La sociedad será «socialista», como alienta Chávez y una importante mayoría del pueblo que lo vota, acompaña y respalda, o la sociedad recreará de lleno el «capitalismo» voraz y rapaz.

El destino de RCTV incluye, claro que sí, la discusión sobre la propiedad del espacio radioeléctrico y las atribuciones de un Estado respecto a cuáles son los límites de uso de la propiedad social y/o privada del aire. Pero sería francamente mezquino pretender que el tenor de la disputa citada obedece a un quítame, o no, de allí un canal de televisión. Tan mezquino como absurdo sería aceptar que los dueños de RCTV se propongan como los adalides de la libertad de expresión. Son, porque las evidencias del año 2002 todavía están a la vista, golpistas contra Chávez.

Y serán, a no dudarlo, los que jamás dejarán de conspirar a favor de sus privilegios junto a sus socios internacionales, hoy preocupadísimos porque «la libertad de expresión» de los dueños del dinero ha sufrido un revés a manos del «atrevimiento» popular. Y, también a no dudarlo, seguirán adelante con su ideología para que caiga Chávez, quien tanto dolor de cabeza les trae a ellos y a sus mandantes: las cúpulas del Pentágono y del petróleo, en EE.UU.

A no olvidarse que la llegada de Chávez al gobierno de Venezuela abortó, entre otras supuestas pequeñeces de similar porte, el que la fuente de recursos más importante del país —el petróleo— le fuera concedida definitivamente a empresas estadounidenses, piloteadas por hombres de negocios pertenecientes, algunos de ellos, a la tristemente famosa CIA. O sea, la feroz central de inteligencia norteamericana que, además de alentar y participar en golpes de Estado en la región, y el mundo entero, sigue su macabra tarea de espionaje y torturas en pequeños y sofisticados campos de concentración desparramados por distintos puntos de la globalización neoliberal, especialmente en Europa.

Por eso —y a falta de políticos que puedan derrotar a Chávez democráticamente— los dueños de RCTV se encaraman en la cresta de la ola antichavista sumando al interior de Venezuela toda la adhesión que pueden mediante el dinero y la defensa, efectista y ramplona, de programaciones populares; y por fuera, en la arena internacional, sumando lo que les permita el largo brazo de su ideología sistémica y el para nada desdeñable brazo armado del Pentágono y la mismísima Casa Blanca.

Entonces, de un lado del cuadrilátero la aparatología mediática de la globalización neoliberal, de las transnacionales informativas-comunicacionales, y sus apoyaturas logísticas, con significativo poder de fuego, conscientes de que su pupilo —RCTV— debe salir airoso: si no es hoy, mañana.

Y en el otro rincón, la mayoría del pueblo de la República Bolivariana de Venezuela y su Presidente. Ambos, pueblo y gobierno, con la decisión de caminar el camino del Socialismo del Siglo XXI hartos del desplante, las mentiras y las violaciones de aquellos que se erigen —en defensa de sus privilegios— en el poder de facto y en protectores de libertades que no son más que cárceles de la conciencia de las mayorías y alimento de la alienación consumista.Fragmentos. (Tomado de Red Voltaire).

*Periodista. Presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).

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