El precio del espacio radioeléctrico gratuito

Autor:

Juventud Rebelde

Como miembro de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) a menudo escucho lo harto que están los estadounidenses de los medios noticiosos. Demasiada sangre en los titulares de los noticieros estelares e insuficiente cobertura verdadera de los problemas locales. Demasiado poco entretenimiento de alta calidad y demasiada gente comiendo insectos.

No tiene que ser así. Estados Unidos permite que los organismos de radiodifusión y televisión utilicen gratuitamente el espacio radioeléctrico público, cuyo uso está valorado en más de medio billón de dólares. A cambio, exigimos que estos organismos presten servicios de interés público: que por lo menos dediquen un poco de tiempo de emisión a programas apropiados que informen a los electores, apoyen el arte y la cultura locales y eduquen a nuestros niños —en otras palabras, que aspiren a algo más que reducir al mínimo los costos y elevar al máximo las ganancias.

El uso del espacio radioeléctrico público constituye un privilegio —lucrativo— no un derecho, y me temo que la FCC no ha hecho lo suficiente en defensa del interés público.

La FCC ya tiene un gran poder para exigir a estas entidades que cumplan con la parte del trato que les corresponde. Cada ocho años, estos organismos de radiodifusión y televisión tienen que demostrar que han servido al interés público para poder obtener la renovación de su licencia. Si no pueden probarlo, la licencia pasa a otra persona que sí lo haga. Es un sistema duro pero justo —si la comisión realizara su trabajo.

El problema es que, bajo presión de los conglomerados de los medios de comunicación, comisiones anteriores han eviscerado el proceso de renovación de licencia.

Recientemente la FCC ocupó las noticias porque impuso una multa sin precedentes de 24 millones de dólares a Univisión, la cadena en idioma español. Univisión alegó que sus estaciones ofrecían tres horas semanales de programación infantil educativa —una de las pocas reglas en pos del interés público que todavía permanecen en las regulaciones— en parte porque transmitían una telenovela donde aparecían dos gemelos de once años.

La multa no se impuso en el tiempo ordinario. De hecho, el término de la licencia para una de las dos estaciones de las que se trataba inicialmente había expirado hacía 18 meses. Esto es típico —las solicitudes a las que se oponen los organismos de fiscalización a menudo languidecen durante años mientras se les permite a las entidades radiodifusoras y de televisión seguir como si nada. Entonces las infracciones comúnmente se resuelven con una pequeña multa.

La comisión prestó atención a la queja de Univisión porque la estación era parte de una cadena de 114 canales de televisión y estaciones de radio que se estaban transfiriendo de una sociedad de participación abierta a firmas de capital privado. Sin eso, no queda claro cuándo, si es que se hacía alguna vez, se hubieran tomado medidas contra las violaciones. Y esto ocurre a pesar de que los expertos consideran que la quinta parte de lo que se reporta como programación infantil «tiene poco o ningún valor educativo» y solamente la tercera parte puede considerarse «altamente educativa». Nuestros niños merecen más que eso.

Los medios de radiodifusión y televisión continúan siendo las fuentes primarias y decisivas de información del público estadounidense. Cerca del 60 por ciento de los adultos ven a diario los noticieros de la televisión local, que continúa siendo la fuente de información más extendida en la nación. De modo que resulta imperioso que los radiodifusores y las televisoras continúen brindando una cobertura de alta calidad a temas locales y nacionales.

Pero para garantizar que lo hagan hay que reforzar el proceso de renovación de licencias. Para comenzar, que el período de licencia sea más corto. Ocho años es demasiado tiempo sin tener que rendir cuentas. Revisemos de verdad el historial de la estación antes de renovar su licencia.

Si usted necesita convencerse de que hay que hacer algo, considere que solo alrededor del ocho por ciento de los noticieros locales de televisión en el mes anterior a la última elección presidencial incluyeron algún tipo de cobertura de las campañas electorales locales, incluidas la contienda por la Cámara de Representantes.

Esta cifra baja tan solo constituye un ejemplo de lo poco que las estaciones sirven a sus televidentes. ¿Realmente se merecen que le aprueben la renovación de la licencia las estaciones que ganan tanto dinero con el uso del espacio radioeléctrico público pero que evidentemente no educan a los televidentes sobre los temas que les concierne? (Fragmentos. Tomado de The New York Times. Traducido por Rebelión y Cubadebate)

*Michael J. Copps es miembro de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos.

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