Dicen… que lo picó una avispa - Opinión

Dicen… que lo picó una avispa

Autor:

Juventud Rebelde

—Oye, dicen que viene una resolución dura a partir de las vacaciones: las hormigas locas van a picar más fuerte que las bravas.

—Pues a mí me dijeron otra cosa: a la jefa de almacén de las bravas se le dio tremendo explote en una auditoría sobre las migajas de pan del hormiguero... y la botaron. Entonces algunas de sus subordinadas se volvieron locas y empezaron a sacarle los trapos al sol.

Resulta un diálogo inventado, por supuesto. Pero si lo he incrustado así fantaseado en estas páginas es porque, al final, su esencia —que habita en la fabulación, la trivialidad y la inexactitud— está vinculada con ese dragón de mil cabezas que cada día chamusca y muerde nuestra realidad: el chisme.

Precisamente a él —podemos ya personificarlo, de tan viejo— le debemos las ficciones más insospechadas: que nos hayan subido el salario varias veces al año, que se haya prohibido el dichoso reguetón...

Desgranando estas líneas me viene ahora a la mente una conocida del barrio que en noviembre pasado se interpuso rauda en mi camino para decirme solemnemente, con cara de «cocodrila» descontenta: «Dicen que lo de la tarjeta (el fin de la libreta de abastecimientos) empieza ya en el 2007».

Menos mal que, a la sazón, no me atormenté ni se me puso la cabeza mala, propósito final de aquella mujer candil, la misma que en otro tiempo salió con una «novedad»: «Van a prohibir la venta de ron a granel».

Sí, porque el chisme —el pobre— se alimenta, como un glotón desbocado y grasoso, de los temas más variados: desde los asuntos trascendentales de la nación hasta las conversaciones en los pasillos despintados de cualquier empresa mínima; esa donde surgió el célebre epíteto de «olla de grillos», magistral imagen para dibujar el mucho ruido, el mucho chu chu chu y el poco hacer.

«El chisme que gira no siempre es mentira», reza un viejo proverbio que nos enseña algo contundente: la verdad puede venir aún en esa bola venenosa. Sin embargo, la regla es que este amigo de Radio Bemba y de Run Run se oxigena de los enredos y tergiversaciones, de los deseos reprimidos, el afán de «rajar» de alguien o de algo... la fe diabólica.

Se engrampa con las bajezas y miserias humanas, las pérdidas de tiempo, el anhelo de cuchichear o de envolver.

No hay fórmulas para evitarlo o frenarlo. Mas acaso un inventario de frases logre advertirnos que el bichito anda rondando nuestra existencia: «Dicen...», «hay un comentario por la calle», «la gente trae un chisme», «¿te enteraste de la última?», «van a prohibir», «me dijeron», «anda una bola por ahí», «los cogieron en la jugada», «viene una resolución», «lo que hay en el ambiente», «dice Juana que le dijo la hermana que vive en La Habana que a partir de mañana»...

Han existido, incluso, analistas etiquetados sobre el chisme, quienes se han esforzado por diferenciarlo del rumor, otro fenómeno social estudiado a fondo por los norteamericanos Allport y Postman, autores de una tesis en la cual sientan dos elementos básicos para la propalación de las bolas: la «importancia» del asunto y la ambigüedad del asunto.

Pero para mí, como para muchos, son lo mismo. Y me dieran risa si no fuesen capaces de abatir torres, o si no llevaran esa toxina letal que puede embrollar una amistad o encrespar un amor.

Volviendo al chisme, tal vez el mejor remedio contra él lo ofreció hace mucho tiempo el periodista y dramaturgo irlandés George Bernard Shaw: «Un chisme es como una avispa; si no puedes matarla al primer golpe, mejor no te metas con ella».

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