Tensiones y suicidios en la tropa de EE.UU.

Autor:

Juana Carrasco Martín

El cansancio del guerrero. Foto: Antiwar.com Bush, el hijo, tiene un zar para la guerra. Así le dicen al teniente general Douglas Lute por su función de asesor de la Casa Blanca para tan escabroso tema. Y en días recientes al militar se le ocurrió mencionar nada menos que el reclutamiento, el enganche obligatorio que se vieron obligados a eliminar hace unos cuantos lustros, conminados por la oposición surgida contra la guerra en Vietnam.

Draft (reclutamiento obligatorio) es una palabra tabú desde entonces, pero Lute se ve precisado a sacarla a la luz pública porque el ejército de «todos voluntarios» no está cubriendo la demanda de una administración dispuesta a hacer la guerra por doquier.

Efectivos sobretensionados y sometidos a despliegues reiterados en el escenario bélico, están poniendo en riesgo la seguridad nacional de Estados Unidos, dicen ahora. Alguna prensa lo explica: «Estamos viendo ya el estrés en nuestras tropas, cuando el emplazamiento se hace más largo y la estancia en la casa más corta. Nuestros soldados están viendo sufrir sus vidas domésticas por todo el tiempo que pasan lejos del hogar. Y el estrés del combate no se evapora solo porque retornen a casa; la guerra nunca se aleja de sus mentes...».

Ese panorama toma colores más lúgubres con los datos dados a conocer el miércoles en un reporte donde se asegura que los soldados del ejército cometieron suicidio el pasado año en la mayor tasa en los últimos 26 años, y buena parte de ellos estaban sirviendo en Iraq o en Afganistán en el momento de su decisión fatal.

Revisando archivos nos encontramos que en octubre de 2003, cuando casi se cumplían siete meses del inicio de la invasión y ocupación de Iraq, ya alarmaba el número de suicidios entre la tropa allí emplazada, y el ejército estadounidense decidía convocar un equipo de doctores para determinar cómo el estrés del combate y las largas permanencias en tal escenario contribuían a estas muertes. Entonces 11 soldados, tres marines, y posiblemente un efectivo de la marina se habían quitado la vida, aunque se investigaban una docena más de muertes, lo que daba una tasa anual de 17 por cada 100 000 uniformados.

Si aquellos números inquietaban, las cifras actuales pudieran poner el alma en un hilo: 99 suicidios confirmados durante 2006 entre soldados en servicio activo. Y no revelaron los dígitos de los intentos de suicidio.

En el caso de las mujeres soldados apostadas en Iraq y Afganistán, los datos duplicaban al de las féminas que no habían sido enviadas a la guerra.

Aseguran los mandos militares que en el año que corre esperan menos suicidios comparativamente, pero un incremento entre las tropas en combate, y dan como explicación que han estado proveyendo de cuidados de salud mental a las fuerzas más tensionadas por su permanencia mayor en las guerras. Han reconocido incluso que existe una significativa relación entre los suicidios e intentos de suicidios con el número de días desplegados en Iraq, Afganistán, o países cercanos donde sus tropas participan en las operaciones de guerra.

Problemas psiquiátricos como desorden bipolar, depresión, ansiedad y estrés post traumático se incluyen en las heridas mentales del conflicto que pueden transformarse en un tiro autoinfligido.

Mientras la alerta suena en este campo, el Pentágono prosigue la política de emplazar una y otra vez a las mismas unidades en los lugares de conflictos armados, y hace servir a los soldados que están en el frente durante 15 meses seguidos, frente a los 12 que era el tiempo previo.

En el costo humano de la guerra hay que añadir este, el tres por ciento de las muertes de estadounidenses en Iraq son resultado de su propio disparo. Nadie sabe, porque al Pentágono y a su jefe George W. Bush no le interesan seguir esa pista, cuántos llegan a casa y también presionan el gatillo...

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