Alemania a dos años de la Gran Coalición: Las cazuelas a la cabeza - Opinión

Alemania a dos años de la Gran Coalición: Las cazuelas a la cabeza

Autor:

Luis Luque Álvarez

Durante los últimos dos años, el matrimonio de este cuento ha estado tirándose las cazuelas a la cabeza, y lanzándose amenazas de divorcio. Pero no pasan de ahí. Para conservar el dominio de la casa, deben estar unidos, y así, con sus caras avinagradas, admiten convivir. Por ahora...

Son ellos la conservadora Unión Cristiano-Demócrata (CDU), y el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), que tras las elecciones de septiembre de 2005 acordaron integrar una Gran Coalición para guiar los destinos del país germano. Este otoño, a la mitad del camino —las elecciones serán en 2009—, es tiempo de echar una mirada atrás y otra hacia el futuro.

Las dos cabezas de la coalición: Franz Muntefering (vicecanciller, SPD) y la canciller Ángela Merkel (CDU).

Antes que todo, vale notar cómo dos partidos que, en teoría, deberían ser las caras opuestas de la moneda, pudieron llegar a un consenso para gobernar, y dejar en la oposición a otros más pequeños y afines a sus respectivas ideologías. ¿Cómo fue posible? Está claro: El SPD, al son del declive de la izquierda tradicional europea, se ha ido despintando; así que ¿qué más le da sentarse con la CDU? En definitiva, el gobierno saliente, del socialdemócrata Gerhard Schroeder, ya había hecho cortes neoliberales.

Volvamos al cometido de los «esposos». Realmente han logrado disminuir el número de desempleados (de cinco millones a finales del mandato de Schroeder, a cuatro millones en este momento), han reducido el déficit público por debajo del tres por ciento (lo establecido por la Unión Europea), y han hecho crecer la economía. Ah, y están muy contentos de tener tropas desplegadas en Afganistán...

Pero claro, como se anunciaba al principio, ha habido encontronazos. Uno fue por la reforma de la sanidad pública. Mientras la CDU quería que el contribuyente aumentara en un tres por ciento su aporte al seguro de salud, el SPD se inclinaba por dejarlo únicamente en el uno por ciento. Por fortuna, fue esto último lo que primó.

Igualmente, los socialdemócratas rechazaban un incremento del Impuesto al Valor Agregado, que penalizaba al consumidor, pero la CDU logró subirlo un tres por ciento; y mientras aquellos pretendían aplicar un impuesto adicional a las familias más ricas, estos tuvieron la «amabilidad» de disminuir las cargas fiscales a las empresas, para reembolsarles unos 20 000 millones de euros.

Tales prácticas, tan extrañas a la «economía social de mercado» de la que los conservadores se dicen adalides, molestaron —además de al SPD— a Jürgen Rüttgers, primer ministro de Renania del Norte-Westfalia y vicepresidente de la CDU, quien tildó de «mentira vital» el dogma de que, al lanzarles dinero a las empresas privadas, estas crearían más empleo, y que los sueldos de los trabajadores ya eran bastante altos. Al parecer, incluso algunos que no son de abajo se dan cuenta...

¿Qué hay, entonces, hasta 2009? Según la cadena informativa Deutsche Welle, bastante poco: unas cuantas medidas contra la emisión de gases contaminantes —que «llega diez años tarde», según ecologistas germanos—, y una reforma laboral para captar inmigrantes altamente calificados. O sea, no a los que llegan a Canarias en rústicos botes («que la policía española lidie con ellos»), sino a ingenieros mecánicos y electrotécnicos de los países ex socialistas del este. Luego, en los círculos políticos, se asombran ante la realidad de «dos Europas» en el seno de la UE. ¡Pero si los cimientos del desarrollo emigran hacia el oeste!

En el tiempo que resta hasta 2009, la CDU y el SPD seguramente seguirán a pellizcos bajo el mantel, pero el electorado no es tonto. Curiosamente, los sondeos le otorgan una aprobación del 76 por ciento a la canciller Ángela Merkel, de la CDU. Su protagonismo en política exterior —como presidenta de turno de la UE en el primer semestre del año, logró que Polonia no interrumpiera el proceso para la redacción de un nuevo Tratado Europeo—, le ha granjeado fama de hábil política. Sin embargo, la Gran Coalición, en conjunto, sale desaprobada en las encuestas. Y el SPD es el peor parado, a diez puntos de la CDU.

Ahora que comienzan a bajar por la pendiente, no faltarán las tentativas de divorcio. Pero ostentar el poder suena más digestivo que hacer valer las diferencias.

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