Libre comercio ¿para quién? - Opinión

Libre comercio ¿para quién?

Autor:

Marina Menéndez Quintero
El llamado hecho al pueblo tico por el Movimiento Patriótico contra el TLC es enarbolado en los actos populares de calle. Foto: Reuters La gran manifestación anunciada para el domingo en Costa Rica por quienes se oponen al TLC virtualmente cierra lo que podría denominarse «su campaña», de cara a una votación con trascendencia que la separa poco de una elección común.

Y, en efecto, el referendo del 7 de octubre para que la población tica decida si hay o no Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, puede ser tan decisorio al país como la selección de un presidente, o más: un mandatario cumplirá su periodo presidencial dentro de un tiempo equis; el TLC, una vez que se firme, nadie sabe cuándo se vence...

En todo caso, una diferencia notable con respecto a un torneo electoral cualquiera es que, ahora, quienes se niegan al convenio con Washington tuvieron la ardua tarea de educar para convencer, haciendo luz en la gente sobre los entretelones de un acuerdo que, a ojos vista, podría parecer la panacea; pero no lo es.

De tal suerte, la actividad proselitista de los movimientos populares y políticos que quieren el NO, ha sido intensa. Primero, en la batalla callejera que finalmente consiguió la convocatoria a la consulta para que el Congreso, antes de ratificar o no un convenio que ya firmó el ejecutivo, tenga a bien escuchar el parecer del pueblo. En la medida en que la apertura de las mesas se acerca, a ello se ha añadido el reto de deshacer la manipuladora propaganda gubernamental, y sus presiones y artilugios para que el SÍ venza.

Compra de conciencias y amenazas veladas o explícitas han salpicado la contienda, y no precisamente con la transparencia de una pompa de jabón. La más reciente denuncia de los opositores al tratado, sacó a la luz un memorando adjudicado a un congresista del oficialismo y al vicepresidente, Kevin Casas, que sugería al presidente Oscar Arias amenazar a los partidarios del NO, entre otros castigos, con la pérdida de sus empleos.

El escándalo debió ser de gran magnitud, porque Casas ha renunciado. Ahora, llama la atención que encuestas poco usuales en este tipo de votaciones estén propalando, desde hoy, que el 7 de octubre habrá un «empate técnico».

Pero, descontando lo que el TLC beneficiará o perjudicará a la sociedad y, sobre todo, a las capas medias y bajas de Costa Rica, hay motivos para reflexionar en todo lo que la consulta puede significar al gobierno de Estados Unidos.

El istmo —sumando a la caribeña República Dominicana— está atado ya a Washington por medio del TLC regional conocido por las siglas CAFTA, en inglés. Por ratificarlo solo falta el legislativo tico.

Apremiada por el poco tiempo que le queda y los muchos descalabros internos y externos que acumula su pésima gestión, la administración Bush no esconde su ansiedad por dejar a América Latina, cuando W. se vaya, lo más «decentemente» amarrada. Así lo demuestra la lucha tenaz de la Casa Blanca con sus propios congresistas para que ratifiquen, lo antes posible, los TLC que EE.UU. ha firmado también con Perú, Colombia y Panamá.

Una muestra del desespero la dio el propio Bush cuando, en su verborreico y agresivo discurso, hace dos días, ante la Asamblea General de la ONU, saltó de las amenazas a los «lugares oscuros» del planeta a los dichosos TLCs, que dijo son representativos de «los valores de mercados abiertos y transparentes, regulaciones justas, respeto por la propiedad privada» y bla bla bla.

Pero, más que la posibilidad de disponer a sus anchas de las bondades económicas de la región, los TLCs son lo único que queda a esta administración para hacer algo de política en Latinoamérica.

Sin las evasiones de su jefe, la secretaria norteamericana de Estado, Condoleezza Rice, fue más sincera hace unos días con la cadena Fox, al reconocer que los tratados con Perú, Colombia y Panamá son «una prioridad de política exterior». Y añadió: «Todo el mundo está preocupado por el tipo de populismo destructivo de Hugo Chávez (...) La forma de contrarrestarlo —añadió— es alinearnos con esos gobernantes».

Todo lo que se está jugando en Costa Rica puede inferirse ahora mejor.

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