¡Elemental, Sherlock! - Opinión

¡Elemental, Sherlock!

Autor:

Luis Luque Álvarez
James Watson le daría envidia al doctor Mengele. Desde que a Henry Kissinger —padrino de los regímenes fascistas que asolaron a América Latina en décadas pasadas— le dieron el premio Nobel de la Paz, no he tenido en gran estima el discernimiento de quienes otorgan ese galardón (que por cierto, raras veces corona a alguien del sur).

Hoy me asombro aún más, al conocer que el genetista James Watson, quien obtuvo un Nobel en 1962 por su participación en el descubrimiento de la estructura del ADN, ha confesado a la publicación británica Sunday Times que las políticas occidentales en países africanos son incorrectas «porque se basan en el fundamento de que las personas negras son tan inteligentes como los blancos, cuando las investigaciones indican lo opuesto».

«La gente que tiene que lidiar con empleados negros descubre que esto (la igual capacidad de análisis) no es cierto», remató Watson, de 79 años.

¡Lástima de desfase cronológico! A un tal señor Hitler le hubiera encantado contar con este especialista en su equipo de eminentes, y el doctor Mengele se hubiera mordido los labios de rabia y envidia.

Para Watson está claro: la culpa de que África permanezca en el peor de los atrasos no hay que buscarla en 500 años de explotación colonial, en el azote de la esclavitud, en el robo rapaz de sus recursos naturales, en el endeudamiento provocado por sus ex metrópolis, o en la negación al acceso a los mercados de los países ricos. No, no. Todo es cuestión de ADN avinagrado, de células perezosas y de membranas citoplasmáticas con filtraciones en la terraza.

Indirectamente, «como quien no quiere las cosas», el bueno del doctor James Watson está santificando cualquier acción militar que los blancos, dueños de la sabiduría, emprendan contra países como Somalia, Sudán, Zimbabwe o el Congo: «Es que los pobres negros no saben gobernarse. Hay que darles una mano».

Y unas manos, pero de hierro, estarán aplaudiendo discretamente el exabrupto de Watson. ¿Las de quiénes? ¿Acaso no es elemental, Sherlock?

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