Conexión en Hong Kong

Autor:

Luis Luque Álvarez
¿Qué relación guarda Hong Kong con Kosovo?

A simple vista, ninguna: el primero es un emporio financiero en el sur de China, famoso por sus filmes de kung-fú y sus numerosos rascacielos. La segunda, una empobrecida región en los Balcanes, ocupada por la OTAN desde 1999, y sobre la cual ya el gobierno de Serbia no posee prácticamente ninguna autoridad.

Paz en Mitrovica, dice la pintada en el muro de esa ciudad donde habitan serbios y albano-kosovares. Foto: Reuters Sin embargo, el gobierno de Belgrado ve una conexión posible: el sistema de ordenamiento económico y político de Hong Kong pudiera ser el modelo para establecer el estatus definitivo de Kosovo, un territorio en el sur de Serbia donde más del 80 por ciento de los dos millones de habitantes son de etnia albanesa, y solo un diez por ciento, serbios.

El presidente Boris Tadic mencionó la propuesta días atrás, cuando sus representantes celebraban una ronda de diálogos con sus pares albanokosovares en Viena, en una serie de encuentros auspiciados por la Unión Europea, Rusia y EE.UU.

Ahora, ¿por qué Hong Kong podría ser un espejo para Kosovo? Pues porque allí Beijing ha aplicado satisfactoriamente el mecanismo de «un país, dos sistemas». Cuando Gran Bretaña traspasó a China la soberanía de la región, en 1997, las cosas quedaron así: en el territorio subsiste el sistema económico capitalista. Hay un jefe de gobierno, un Parlamento, y plenos poderes en materia jurídica y aduanera. Entretanto, la política exterior y la defensa son asuntos exclusivos de la administración central china.

Tal esquema converge con el propuesto por Belgrado en que este oferta también una amplísima autonomía para su provincia, cuna de la cultura serbia, sin llegar a la independencia. Según el canciller Vuk Jeremic, Serbia está dispuesta a traspasar hasta el 95 por ciento de las competencias al gobierno kosovar, siempre y cuando la soberanía y la integridad del país no sean cuestionadas.

No sería capricho, sino respeto. La resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU consagra «la adhesión de todos los Estados Miembros al principio de la soberanía e integridad territorial de la República Federativa de Yugoslavia», y Serbia es la heredera de ese ya inexistente país. ¿Por qué habría de ser la excepción para el despojo?

Volvamos a lo expresado por Jeremic: Kosovo podría tener ¡hasta el 95 por ciento de las potestades de autogobierno! Quizá lo poco que no se le delegue sea la responsabilidad de tener fuerzas armadas propias y escaño en la ONU, pero sí amplias competencias en economía, preservación de la identidad cultural y lingüística, etc.

En otro Estado europeo, España, 17 comunidades autónomas legislan sobre presupuestos, vivienda y educación, entre otras materias, pero de seguro no llegan al 95 por ciento en autogestión. Y no existen ni «ejército catalán», ni «canciller vasco», ¡a pesar de que catalanes y vascos son más numerosos en sus regiones que lo que son los albaneses en Kosovo!

Una nota: si estos persisten en declarar por su cuenta la independencia, como pretenden hacer el 28 de este mes, sentarán un sombrío precedente. En España, Bélgica y Gran Bretaña hay zonas donde prima un anhelo separatista, y que se valide el unilateralismo es lo último que necesitarían.

Por lo pronto, el 20 de noviembre, los serbios invitarán en Bruselas a los albanokosovares a fijarse en el modelo de coexistencia sin pérdida de soberanía que —salvadas las distancias— ha sido Hong Kong.

Del entusiasmo que genere, o del desencanto —sobre todo para quienes ya tienen una idea fija, alimentada por Washington—, hablaremos más adelante.

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