Los antidemocráticos no son los seguidores de Evo

Autor:

Marina Menéndez Quintero
El presidente Evo Morales encabezó la marcha de campesinos en apoyo a la nueva Constitución. Foto: AP

Impotentes, los enemigos de la refundación quieren empañar el alumbramiento de la nueva Carta Magna de Bolivia

Era una injusticia y, más que eso, una falacia predecible, que los enemigos de la refundación se llenarían ahora la boca para decir que la nueva Constitución de Bolivia ha nacido «manchada de sangre». Pero si el texto se ha aprobado a la carrera, como en clandestinidad, en medio de desórdenes que costaron tres muertos y cientos de heridos —aun con la presencia de un cordón policial que unió fuerzas al pueblo movilizado, espontáneamente, para salvar a los asambleístas de las turbas—, no ha sido por culpa de Evo, ni del MAS, ni de los bolivianos que apoyan el proceso.

Los responsables están dentro de esa propia oposición oligárquica que actúa por medio de los grupos violentos, y que ha pretendido frustrar los cambios abriendo ante el gobierno y sus seguidores, mil y un frentes. Están en el soliviantador Comité Interinstitucional de Chuquisaca, en los denominados comités cívicos, en el derechista partido PODEMOS, en el Senado de mayoría opositora que ha varado al Presidente casi cien proyectos de ley, y en esa quíntupla con afanes cuasi golpistas que constituyen los prefectos de los ricos y separatistas estados de Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija, y más recientemente, Cochabamba, conocidos como «la Media Luna».

Primero trataron de impedir a toda costa la elaboración de la nueva Carta Magna, entrampando los debates en una terca discusión sobre su reglamento que duró casi un semestre; luego, con el trivial y «antojadizo» reclamo de que la Asamblea discutiera y definiera el tema de la capital y, después que lo hizo, exigiéndole que decidiera el traslado del centro del ejecutivo y del legislativo de La Paz a Sucre, sede de la Constituyente que fue convertida en trampa para la refundación de Bolivia.

Luego de tres meses sin sesionar por la falta de acuerdos en ese punto, teniendo a su favor el trabajo adelantado por el Comité Suprapartidario (al que se dio el mandato de avanzar la redacción), todavía la Asamblea

—que por obedecer las reglas y, seguro, por dignidad, decidió mantener sus sesiones en Sucre y desaprovechó la sede que le brindó el departamento de Oruro—, debió suspender sus trabajos unas tres o cuatro veces en los últimos días.

El irrespeto y la falta de garantías hacia quienes cumplen el deber que le impuso el electorado de redactar la nueva Constitución, llegó al punto de que asambleístas del MAS fueran perseguidos por las huestes aupadas y enardecidas con el falso reclamo impuesto por el Comité de Chuquisaca y PODEMOS. Algunos de los constituyentes debieron correr varias cuadras, incluso, para que la golpiza de los otros no resultara de muerte. ¿Quiénes han irrespetado la democracia? ¿Quiénes quieren sangre antes que refundación?

Con esos antecedentes se entiende que no es un hecho fortuito lo acontecido el fin de semana, en Sucre, cuando los soliviantadores desataron la batalla campal que ensombreció la jornada, en tanto la Asamblea de 255 curules, sin la presencia de los representantes de la oposición —que se fueron para frustrar el quórum— aprobó, con el derecho y la mayoría que aseguraba la asistencia de los restantes 136 miembros— la Carta Magna «en grande», es decir, como un todo. La policía llegó para un virtual rescate de los constituyentes.

Sin embargo, el llamado a la desestabilización era ya un plan preconcebido y anunciado por los prefectos de la Media Luna, quienes habían «advertido» al gobierno que si no se retractaba de la instauración del Bono Dignidad —la pensión para todos los ancianos obtenida del Impuesto a los Hidrocarburos—, llamarían a un levantamiento para sacar del poder a Evo Morales.

En su primera reacción a los acontecimientos, el vicepresidente Álvaro García Linera confirmó este lunes la existencia de un plan para invadir el poder, que «comienza por la resistencia civil» e incluye la ocupación de instalaciones públicas, la promoción de movilizaciones y bloqueos del transporte, a lo que se sumaría el cierre «de las válvulas de gas y de petróleo y la subida de los precios de los productos. Es decir, «todo un decálogo que ha sido emitido por el sector cívico y la ultraderecha.»

Y todavía el líder de PODEMOS, el ex presidente Jorge «Tuto» Quiroga, se da el lujo de mentir al afirmar que la Constitución fue aprobada «a punta de bayonetas». No hay tal cosa: la policía solo trató de defender y proteger a la muy honorable Asamblea Constituyente, para que cumpla el mandato que, a través de las urnas, las masas depositaron en ella y en Evo: la refundación de Bolivia con asiento en una nueva Constitución. Ese fue el pronunciamiento del pueblo, a quien toca ahora aprobar el texto en referendo. Eso es democracia; lo demás parece subversión.

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