Una linda foto en Anápolis - Opinión

Una linda foto en Anápolis

Autor:

Luis Luque Álvarez
Bush mira a Olmert cuando este le da la mano a Abbas. Foto: AP Rabin y Arafat también se saludaron frente a Clinton. Miren bien la foto de la izquierda. ¿No se les parece un poco a la de la derecha? En esta última, tomada el 13 de septiembre de 1993, el ex presidente Clinton mira complacido al entonces primer ministro israelí Isaac Rabin y al líder palestino Yasser Arafat, dándose un fuerte apretón de manos. De ese momento a la resolución final del conflicto en Tierra Santa, no habría más que un paso, ¿no?

La historia se ha encargado de darles una palmada en el rostro a los ingenuos. De aquella reunión salió un texto, los Acuerdos de Oslo, que estipulaban, «para cuando fuera posible», conversaciones entre palestinos e israelíes sobre temas tan peliagudos como el estatus final de Jerusalén, el problema de los refugiados palestinos y la delimitación de las fronteras entre Israel y el futuro Estado palestino.

El «éxito» de aquella reunión, cuyo «cenit de gloria» —el saludo entre Arafat y Rabin— fue captado por el lente fotográfico, es palpable hoy en la cifra de 4 300 palestinos y 1 100 israelíes muertos, los más de 10 000 palestinos en cárceles sionistas,

las más de 200 colonias israelíes ilegales en Cisjordania, y la «indivisibilidad» de Jerusalén como capital de Israel.

Ahora, en Annapolis, estado de Maryland, es Bush quien posa junto a Abbas y Olmert. Las mismas sonrisas, el mismo apretón de manos, y un texto menos complicado e igual de vacío que aquel: una Declaración que, sin rozar ninguno de los puntos clave para alcanzar la paz (Jerusalén, fronteras y refugiados), se permite anunciar un nuevo acuerdo de paz para finales de 2008, además de la celebración de contactos quincenales entre las autoridades israelíes y palestinas (el primero será este 12 de diciembre), y la monitorización del proceso por parte de EE.UU.

Es paradójico que el «monitor» sea precisamente el gobierno de Bush, uno de los que más pólvora ha encendido en Oriente Medio, y que siempre impidió que se condenara a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU por la multiplicación de sus ataques contra la población palestina desde que el hoy durmiente Ariel Sharon se hizo con el puesto de Primer Ministro, en 2001.

Pero George, cuesta abajo en su rodada, como diría Gardel, necesita la foto para hacerles ver a sus coterráneos que su habilidad en la región va más allá de 3 876 soldados norteamericanos muertos y de unos tres centenares de miles de iraquíes asesinados. Claro, que el pulcro salón de la Academia Naval de Annapolis y las poses afectadas no sacarán de la miseria a millones de palestinos, ni borrarán la ocupación militar. Y los estadounidenses se dan cuenta...

Y en cuanto a Olmert, ¿qué esperar de él, si el pasado 14 de noviembre, el Kneset (Parlamento israelí) aprobó una propuesta para impedir cualquier concesión de territorios en Jerusalén a los palestinos? El Primer Ministro sabe muy bien que sin devolverles a los árabes el sector oriental de la urbe, arrebatado en 1967, jamás habrá paz. Sin embargo, ¿qué hizo? ¡Pues otorgarle a la coalición de gobierno la libertad de votar como quisieran, y no conforme a la disciplina partidista!

Así, muchos ultraderechistas vieron los cielos abiertos, mientras que miembros de Kadima, el partido de Olmert, se ausentaron. ¡54 votos a 24! A la hora de la verdad, ¿quién responderá a los deseos de «paz» del premier?

Todo habrá quedado en una foto, una linda foto en Annapolis...

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