Otra vez la Geografía - Opinión

Otra vez la Geografía

Autor:

Rosa Miriam Elizalde

Había decidido pedirle al periódico que sustituyera mi columna de hoy por la de otro compañero. He estado tan abrumada de trabajo en las últimas horas, que creí imposible hilvanar una sola idea en el escasísimo tiempo que me quedaba antes del cierre del periódico.

Sin embargo, he cambiado de parecer. A pesar de mí, las ideas llegaron a la Redacción. Marta Valdés, nuestra entrañable compositora que acaba de ganar el Premio Nacional de Música, se animó a escribirnos, motivada por mi comentario de la semana pasada en el que yo hablaba de la enseñanza de nuestra Geografía, camino importantísimo para llegar a lo cubano. Solo si uno indaga sobre tierras próximas o lejanas, se embarca en el entendimiento de la naturaleza, ansía el conocimiento de los seres humanos, busca explicaciones a las cosas que lo rodean; solo entonces podrá comprender que el fantasma que en realidad perseguía era uno mismo.

Para llegar ahí, se necesita de un maestro, un padre, un libro, una canción que sea capaz de vincular el lugar al que pertenecemos a las pasiones y a las vicisitudes de la gente. La clave de este aprendizaje, como advierte Marta, no son los programas que se convierten en letra vacía si no hay un buen maestro que los desarrolle. Y ella lo explica de modo tan conmovedor que me perdonará seguramente que sea tan indiscreta y publique, íntegras, sus palabras.

Estimada Rosa Miriam Elizalde:

Como es usual cada martes, la semana pasada revisé la página 2 de Juventud Rebelde a ver si había salido su columna, que siempre me deja reconfortada como solo ocurre después de haber disfrutado una dosis de buen periodismo.

Me estoy obligando a racionar las palabras que voy a poner en este mensaje. Una buena descarga motivada por esa necesidad —para mí imperiosa en estos momentos— de la vinculación entre cada accidente de la tierra que nos vio nacer y cada minuto de su historia, que usted ha dejado planteada en pocos párrafos, la he volcado en estos días al oído de amigos tan buenos como Sigfredo Ariel o los integrantes del dúo Así Son, de Cienfuegos, en una breve visita que realizamos a Sancti Spíritus para participar en la «fiesta de la guayabera».

Nada es casual. Desde hace varios meses vengo recomendando un libro muy conmovedor donde se cumple, por parte del espíritu de ese gran cubano (a quien no tuve la oportunidad de conocer) que fue el historiador Francisco Pérez Guzmán, en el libro La aventura cubana de Cristóbal Colón, esa aspiración tan sana planteada por usted. Esa lectura nos conduce a la aventura ejemplar de su autor, después de haber fundido sus investigaciones con un recorrido, palmo a palmo, por todos los sitios que fueron parte de la historia a que se refiere, llegando a un momento culminante y tan amoroso como la afirmación de que Colón estuvo cerca de la Playa El Cajío, al sur de La Habana, que es la playa de los nativos de Güira de Melena como lo es el autor.

No sé si me hago entender, es que yo tuve un gran maestro de Geografía e Historia, que empleaba sus vacaciones en recorrer lugares y cuando hablaba de los meandros o de las calizas, nos iba inyectando ese sentido de pertenencia que tanto se necesita.

En fin, la lectura de su columna el martes pasado, me dejó pensando que hace falta animar la presencia del maestro o, tal vez, luchar por una mutación que nos vaya convirtiendo al instructor en eso, un maestro. Yo le debo al mío el haber llorado ante la vista del Yunque de Baracoa un día en que no había niebla y es una sensación única. Todo esto es para pedirle que no deje de escribir para nosotros ni un solo martes.

Salud y éxitos.

Marta Valdés

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