Predicciones sin la bola de cristal - Opinión

Predicciones sin la bola de cristal

Autor:

Luis Luque Álvarez

Mariano Rajoy, candidato del Partido Popular, y el socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Foto: Reuters Llegó la hora de las urnas. El domingo 9 de marzo, al caer la tarde, ya sabremos quién gobernará los próximos cuatro años en España. Si hacemos caso a las encuestas, la película tendrá segunda tanda con el actual presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

A decir verdad, los sondeos pueden ser un oasis en la superficie y un peligroso vertedero debajo. Quien no lo crea, recuerde cómo el público otorgó una amplia victoria a John Kerry, candidato demócrata en 2004, en los tres debates electorales por la presidencia de EE.UU. frente a un atolondrado republicano que, finalmente, se llevó el gato al agua.

En el caso de España, durante toda la legislatura el PSOE ha marchado en las encuestas por delante del derechista Partido Popular, aunque no muy despegado. En la actual campaña electoral, dos debates televisivos entre Zapatero y el jefe del PP, Mariano Rajoy, celebrados el 25 de febrero y el 3 de marzo, han confirmado la ventaja: el candidato socialista ha triunfado. Y una consulta publicada por la Cadena SER el 3 de marzo, otorga al PSOE el 43,5 por ciento de las preferencias, frente al 38 por ciento del PP.

Por cierto, al espectador de estos encuentros podría haberle llamado la atención el cúmulo de cifras que, como estocadas, intercambiaron los contendientes. Zapatero esgrimía la creación de tres millones de empleos en cuatro años y Rajoy hablaba de la pérdida de 4 500 puestos en el mes de enero; y mientras el segundo denunciaba el incremento del crimen (sin tomar en cuenta el aumento de la población), el primero replicaba que durante los ocho años de gobierno de Aznar la cifra de guardias civiles y policías había descendido en 6 000 agentes.

También se tiraron los trastos en materia de becas, contaminación ambiental, viviendas sociales e inmigración. En todos estos temas, auxiliados de gráficos, cada uno agarró los datos que mejor le convenían y los tiró al rostro del contrario, un manejo «torticero» de la información, como dijo un diario español. O sea, que el vaso estaba medio vacío o medio lleno, en dependencia de cómo lo viera el que tomaba la palabra en cada ocasión.

Ah, claro, todo con su dosis de insultos: «Yo lo que nunca haría sería agredir a las víctimas del terrorismo, como lo ha hecho usted», espeta el del PP. Respuesta: «No, no, señor Rajoy, no se lo acepto. Es una acusación muy grave; yo no he agredido a ninguna víctima del terrorismo». Contrarréplica: «Es igual que usted no me lo acepte, me trae completamente sin cuidado». Y así fueron las andanadas, muy a tono con una palabrita que no se ha apartado del vocabulario político español durante estos cuatro años: la crispación, provocada en mayor medida por la más belicosa oposición que ha enfrentado un gobierno europeo en lo que mi todavía joven memoria puede recordar.

De hecho, la descalificación, más que las propuestas concretas, parecen ser el arma escogida por la derecha para esta campaña electoral, a juzgar por la revelación del secretario de Comunicación del PP, Gabriel Elorriaga, al diario británico Financial Times: «Nuestra estrategia general se centra en agitar a los votantes socialistas. (...) Sabemos que nunca nos votarán, pero si podemos sembrar suficientes dudas sobre la economía, la inmigración y los temas nacionalistas, quizá se queden en casa».

¿Qué tenemos aquí? ¡Pues una apelación a la abstención!, y ello, como centro de estrategia. ¿Es ese el juego «democrático» del PP? ¿Centrarse en sembrar dudas y en calumniar por calumniar? Al parecer, no tienen mucha confianza en lo que debería constituir per se una propuesta sólida a los electores.

Mi vaticinio, desde la distancia, no sale de la bola de cristal, pero me atrevo: Zapatero repetirá en La Moncloa y Rajoy se esfumará, pues difícilmente en el PP querrán seguir bajo la batuta de un sujeto sin mucho carisma y demasiado buscapleitos, que pierde dos elecciones seguidas.

Si me equivocara, y fueran los «populares» quienes ganaran, sería por la mínima, y no obtendrían los apoyos de partidos regionales claves. El Partido Nacionalista Vasco ha sido objeto de sus ataques —Rajoy tildó de «disparate» su convocatoria a un eventual referéndum de autodeterminación— y está más abierto a «un gran acuerdo, sin vetos ni chantajes» con Zapatero. En cuanto a Cataluña, el PP ha presentado un recurso judicial contra el Estatuto de Autonomía que en 2006 aprobaron los catalanes. ¿Querrá ahora que le den un empujoncito de ayuda?

Está a punto de comenzar la película. Sentémonos.

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