¿Qué quiere George de la OTAN?

Autor:

Luis Luque Álvarez

El presidente norteamericano tiene grandes expectivas en Bucarest, pero la vida es más rica que los planes personales... Foto: Reuters La respuesta a la interrogante la ofreció el propio inquilino de la Casa Blanca, poco antes de inaugurarse ayer en la capital rumana la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Washington desea «dar a entender claramente que la OTAN saluda las aspiraciones de Georgia y Ucrania de convertirse en miembros de la OTAN», y obtener tropas adicionales para la «principal prioridad» de derrotar a los aún inderrotables talibanes en Afganistán.

Claro, estos son los objetivos expresos. Uno de los callados pudiera ser la necesidad que tiene el President de que se le recuerde por algo que no sea desastre. Así, si lograra sumar otras dos repúblicas ex soviéticas a la Alianza Atlántica, tendría a mejor distancia de tiro a Rusia, un antiguo enemigo al que no se trata mejor que si aún lo fuera. Y si alcanzara a reducir la violencia en Afganistán, al menos algunos podrían pensar que valió la pena saltarse la ONU en octubre de 2001 para invadir un remoto país en el que casi no había a qué dispararle.

Por desgracia para él, estos amagos de multilateralidad, de querer aparentar que le importa la opinión de sus aliados, no parece que le darán el fruto deseado ahora que solo le quedan diez meses en el Despacho Oval. Por cierto, sorprende que, a raíz del triunfo electoral del Partido Socialista Obrero Español el 9 de marzo, llamara a José Luis Rodríguez Zapatero para felicitarlo y decirle que conversarían en Bucarest. ¿A qué viene ahora un gesto tan «cordial», que faltó tras los comicios españoles de 2004? ¿Qué pretende dejar «amarrado» George en su charla? ¿Acaso una mayor implicación ibérica en la limpieza del reguero afgano? ¿O irá a halarle las orejas al actual jefe de gobierno español por apear a Madrid del carro del infructuoso enfrentamiento con Cuba?

La verdad es que incluso algunos de los socios europeos de EE.UU. estarán contando en silencio los días de aquí al 20 de enero de 2009, fecha del traspaso presidencial, porque a George no se lo han tragado fácil ¡ni sus amigos! (excepto el británico Tony y el español Josemari, desde luego).

Por eso, George no las tiene todas consigo en su visita al país de Drácula. Ni Francia, ni Alemania ni Italia, entre otros, ven con buenos ojos iniciarles a Georgia y a Ucrania un proceso de adhesión a la OTAN. La canciller federal germana, Angela Merkel, admitió que en Ucrania una gran parte de la población (dos tercios) no apoya un ingreso a la Alianza, y en cuanto a Georgia —inmersa en un diferendo separatista con las repúblicas de Abjasia y Osetia del Sur— precisó que «países involucrados ellos mismos en conflictos regionales o internos no pueden ser, desde mi punto de vista, miembros de la OTAN».

Desde luego, esta negativa no es al proceso de admisión de por sí. Berlín comprende que no es el momento de irritar aún más a Moscú (vital abastecedor de combustibles fósiles a la Unión Europea), que está hasta la coronilla de que Washington —con ciertas complicidades— pase por encima de la ley internacional, sea azuzando y reconociendo la separación ilegal de la provincia serbia de Kosovo, sea planificando el despliegue en suelo checo y polaco de un escudo antimisiles, que así librará a Europa de fantasmagóricos cohetes iraníes como al mundo de una carrera armamentista muy real.

¿Qué queda? Afganistán. George jamás se enteró de que tropas soviéticas pasaron nueve años tratando de sofocar a los extremistas islámicos en ese país, y que en 1989 se retiraron sin conseguirlo. Él apuesta a una mayor implicación de sus aliados con soldados y medios de combate, aunque algunos —como España, Italia y Alemania— no desean poner más tropas, ni mover las que ya tienen allí hacia el peligroso sur-sudeste.

Hasta ahora, solo Francia ha anunciado que destinará 800 efectivos más a la zona este, y ello porque Canadá había dicho que se largaría con su contingente si no recibía refuerzos. La movida no es vista con buenos ojos por el público francés, opuesto en un 68 por ciento a esa aventura. Pero, ¿quién convence al presidente Nicolás Sarkozy, condescendiente con George, de que no hay allí evidencia posible de victoria?

En fin, los jerarcas estarán reunidos en Bucarest hasta mañana viernes. Y el que está a punto de irse verá si todavía sus caprichos encuentran complacencia.

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