Incertidumbre - Opinión

Incertidumbre

Autor:

Randy Alonso Falcón

Llenos de ella anda la población norteamericana, sus instituciones económico-financieras y los mercados internacionales. «Estamos en medio de la peor crisis financiera desde los años 30», sentenció en su libro recién publicado el gurú de la especulación George Soros.

Los altísimos precios del petróleo y los alimentos, la caída pronunciada del dólar, la pérdida constante de empleos, un enorme déficit en las cuentas corrientes, un dramático deterioro financiero, una crisis hipotecaria imparable, dos guerras costosas e interminables y un desplome de la confianza en la economía y el gobierno norteamericano, son para preocupar a cualquiera.

Ciudadanos en ascuas

Más de 80 000 empleos perdió en marzo Estados Unidos. Ya sobrepasan los 232 000 los puestos de trabajo que han desaparecido desde principios de año. Las estadísticas oficiales dicen que más de 7,8 millones de norteamericanos están ahora mismo desempleados.

Los ciudadanos estadounidenses deben más de un billón de dólares por créditos y es cada vez mayor el número de los que se declaran en bancarrota. La Asociación de Banqueros Norteamericanos ha prevenido que los atrasos de los consumidores en el pago de sus préstamos es el mayor de los últimos 15 años, en una señal de alarma para las instituciones financieras. A ello se suma el terrible hecho de que casi dos millones de familias pueden perder sus hogares por la crisis hipotecaria.

Las diferencias se agrandan bochornosamente a escala social. El diez por ciento más rico se apodera del 48,5 por ciento de los ingresos totales, algo solo visto antes de la Gran Depresión de 1929. Más de 28 millones de personas están solicitando asistencia federal para poder alimentarse.

Con razón, una encuesta de The New York Times muestra que el 81 por ciento de los norteamericanos opina que el país avanza en dirección equivocada y preocupante.

Temblores financieros

El dólar sigue en picada y ya se ha devaluado hasta 1,60 por euro. Desde el 2002 ha perdido más de un 40 por ciento de su valor. El ritmo de la caída se acelera a medida que los inversores han perdido confianza en la salud de la economía estadounidense.

Mientras tanto, los precios de los alimentos y el petróleo se van a las nubes. Por vez primera los grandes supermercados de Estados Unidos racionaron las ventas de arroz. Solo los diez millones de barriles de petróleo que diariamente importa Estados Unidos, le están costando este año no menos de 400 000 millones de dólares. La implantación continua de récords en el precio del crudo puede hacer crecer la cifra.

Las instituciones financieras son noticias todas las semanas en los últimos meses, por el desplome parcial o total de varias de ellas. El caso más sonado fue el de Bear Stearn, la quinta institución bancaria del país, con 85 años de funcionamiento, que tuvo que ser rescatada por el JP Morgan Chase a partir de un préstamo federal de 30 000 millones de dólares (¿Y dónde quedó la filosofía neoliberal de que el Estado no interviene?)

A propósito, Alan Schawrtz, el ejecutivo en jefe de Bear Stearn, en una comparecencia ante un comité senatorial evadió cualquier responsabilidad con la quiebra de su empresa. Tampoco habló sobre los 141 millones de dólares que acumuló en ingresos personales durante los últimos cinco años.

La pasada semana le tocaba a Merrill Lynch anunciar la caída de sus dividendos en un 60 por ciento y recortes de sus empleos en 4 000 puestos.

Los fraudes hipotecarios también sacuden a las entidades bancarias como resultado de la crisis inmobiliaria. La Florida es la campeona del engaño. Solo en Miami Dade se han registrado casi 2 000 casos de fraude y millones de dólares perdidos por bancos y prestamistas.

Algunos recuerdan en estos días las palabras de Thomas Jefferson en 1816: «Creo sinceramente... que las entidades bancarias son más peligrosas que los ejércitos permanentes y que el principio de gastar dinero para pagarlo en años venideros bajo el nombre de financiación es estafar al futuro en gran escala».

El mundo a la expectativa

El resto del planeta mira azorado hacia Washington. Estados Unidos aporta el 20 por ciento del PIB mundial y la mitad del crédito. «Cuando la mayor economía del mundo está enferma —y está muy enferma—, todo el mundo sufre», escribió recientemente el nobel Joseph Stiglitz.

La crisis por los créditos hipotecarios en Estados Unidos ha causado pérdidas globales por 945 000 millones de dólares, según cálculos del FMI. Las mil principales empresas del mundo han perdido más de 158 000 millones de euros, informa en un reciente artículo el destacado intelectual Ignacio Ramonet.

Bancos suizos, alemanes, ingleses y japoneses reportan pérdidas pronunciadas. El gobierno británico, renegando de su fe absoluta en el mercado, nacionalizó el Northern Rock Bank y se prepara para rescatar otros bancos. Según varios analistas, las pérdidas bancarias llegan a 600 000 millones de dólares.

China, Japón, Rusia y otros grandes poseedores de reservas en dólares estadounidenses miran con recelo la situación. Solo las reservas de divisas de China alcanzan la cifra de 1,68 billones de dólares, según anunció a principios de abril el Banco Popular de China, la banca central de ese país.

El tornado financiero va dejando huellas por el planeta. Letonia, Lituania, Estonia, Rumania, Bulgaria y Hungría andan temerosos de enfrentar una sequía de crédito que los conduzca a una aguda crisis, por las grandes cantidades de dinero que tomaron para financiar su economía. Así anda también la pequeña Islandia, cuya deuda externa alcanza el 430 por ciento de su PIB.

Los países asiáticos exportadores de bienes también enfrentan dificultades, porque sus economías están atadas a la estadounidense, cuyo consumo ha bajado notoriamente.

Pocos escapan a las consecuencias de la recesión norteamericana, aunque a Bush le pese pronunciar esa palabra. La zozobra es universal.

Fuentes: The Wall Street Journal, Le Monde Diplomatique, The New York Times, La Jornada, Clarín, El País.

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