Triunfadores impúdicos

Autor:

Randy Alonso Falcón

La recesión norteamericana, con su crisis hipotecaria, los estratosféricos precios del petróleo, la caída pronunciada del dólar y la contracción del consumo, anuncia quiebras numerosas, decomisos de casas y desempleo creciente. El ex jefe de la Reserva Federal Alan Greenspan acaba de decir este sábado que la economía norteamericana continuará languideciendo a lo largo del año.

Mas entre la desgracia de tantos se amasa la fortuna de unos pocos. El diario The New York Times lo reflejaba el pasado 29 de marzo en un artículo donde se señalaba que las diferencias de ingresos entre los estadounidenses más ricos y el resto de la población se vuelve cada vez más grande. Los 300 000 norteamericanos más acaudalados poseen tanto como 150 millones de los ciudadanos de ese país.

Los afortunados del capital son cada vez más despiadados y cínicos.

Oro Negro

Pocas veces llevó mejor su sobrenombre el petróleo, con precios que ya han sobrepasado los 126 dólares el barril.

Mientras en Washington y Nueva York los camioneros realizan huelgas por el alto costo del gas oil, estadísticas federales revelan que en el primer trimestre del 2008 la Exxon Mobil, la mayor petrolera del mundo, aumentó sus ganancias en un 17 por ciento, llegando a la cifra de 10 890 millones de dólares.

Los camioneros están solicitando al Congreso una investigación sobre las abultadas ganancias de las empresas petroleras y otros sectores se pronuncian abiertamente contra los millonarios subsidios y las exenciones de impuestos que el sector petrolero recibe.

Gobernar para los ricos es la divisa de la Casa Blanca. Bush les facilita las ganancias a sus compadres del petróleo, a la vez que recorta cientos de programas sociales en nombre del déficit de presupuesto.

Ingresos con sangre

La guerra, con sus multimillonarios gastos, desangra a la economía norteamericana y sepulta las esperanzas del pueblo iraquí. Pero entre el humo de la contienda y los muertos que va dejando, hay grandes consorcios sacando jugosos réditos.

Noticias recientes dan cuenta de que KBR, filial de Halliburton (la compañía de la que Cheney era presidente), ha triplicado sus ganancias entre enero y marzo, en gran medida por sus contratos vinculados a la guerra de Iraq. La empresa es la constructora del campo de concentración en la ilegal base naval en Guantánamo.

Halliburton está también comprometida con un masivo plan de construcción de campos de concentración y centros de retención de personas en territorio de Estados Unidos, los que serían operados por la desprestigiada FEMA en casos de ley marcial declarada. Según la publicación Psicoglobal, el mayor de los centros está en Fairbanks, Alaska.

La violencia y la opresión alimentan las arcas de las fortunas del poder.

Cohetes premiados

Mientras se multiplican las bajas en Iraq y los veteranos de guerra se quejan de su atención médica y pensiones, los gigantes de la industria militar estadounidense desafían la desaceleración económica y anuncian al cierre del primer trimestre fabulosos beneficios.

Raytheon, el mayor fabricante de misiles, anunció un récord de pedidos militares por 37 700 millones de dólares. Su presidente ejecutivo William Swanson destacó el «vigor de las órdenes de compra, una lista récord de adquisiciones y sólidas transformaciones operativas».

Northrop Grunman, la constructora de los gigantescos portaaviones y otras máquinas de muerte, informó de contratos por 68 000 millones de dólares.

Boeing, beneficiada por los pedidos del Pentágono de aviones de transporte V-22 y helicópteros CH-47, anunció un aumento de los beneficios de su división militar en un 11 por ciento.

Bush ha solicitado al Congreso nuevos fondos adicionales para las contiendas en Iraq y Afganistán. Mientras más, mejor, dicen los voceros del complejo militar industrial. Silenciosos aplauden la propuesta de McCain de permanecer cien años en Iraq.

Caros bocados

Los alimentos siguen una imparable espiral de precios. La FAO habla de crisis en más de 37 naciones. El Banco Mundial, responsable de la tragedia actual del mundo, informa de la entrada al club de los hambrientos de otros cien millones de personas. La ONU alerta de la posibilidad de nuevos estallidos sociales.

Pero entre la tragedia emergen otra vez los sádicos triunfadores. Las grandes transnacionales del cártel alimentario como Cargill, Monsanto, ADM, Unilever, Bunge, Syngenta, Cadbury y Continental CGC anuncian a todo trapo sus crecientes ingresos. Su poder dominante sobre el comercio mundial de los alimentos propicia la especulación, la manipulación de inventarios y los precios.

Ejemplo supremo es Cargill, principal exportador de granos de los Estados Unidos, que opera su propio fondo de riesgos para la especulación en el mercado: el Black River Asset Management. Cargill ha anunciado un aumento de un 86 por ciento en las ganancias durante el primer trimestre. El pasado año sus ingresos ascendieron a 88 300 millones de dólares.

La exclusión sigue creciendo con la concentración del capital. Unos pierden las casas y la comida, otros la vida; pero los ganadores de siempre, cada vez menos y más impúdicos, siguen haciendo bussines despiadadamente para enriquecer sus arcas.

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