Soñar nuestro reino

Autor:

Juventud Rebelde

Un verano variado se inscribe en el ambiente. Y no es porque sea uno más y bienvenido como siempre, sino que presiento que los proyectos no andan por las nubes y sí tocando la realidad y la espiritualidad de la gente.

Aprecio madurez en la organización juvenil y de los pioneros, abocadas a caminos insospechados en las maneras de imaginar, decir y estar al lado de los niños y jóvenes en las comunidades.

Con disimulo sonreí cuando la funcionaria de los pioneros de Matanzas, Yahima Vázquez, mencionaba los cursos de este verano. Pero después comprendí que había sido superficial mi visión sobre el asunto, al percatarme de que uno forja su reino con apenas soñarlo.

Un curso para aprender a montar bicicleta, me sorprendió y pensé, para qué, con tanto mundo por conocer; sin embargo, qué original manera de prestarle atención a nuestros seres más importantes. ¡Mire usted, enseñarle a las niñas y niños a montar bicicleta! A veces en las casas, o no hay una bicicleta adecuada, o no la hay, y si la hay, luego es reducido el tiempo de los mayores para emprender el desafío del equilibrio sobre ruedas.

Recuerdo que aprendí en la de mi papá, con un cesto metálico delante, dándome caídas y «rasponazos» por todos lados. No quiero decir que se les enseñe en un laboratorio, sino en las mismas áreas de los parques o escuelas, que si se caen... que se levanten, sin más. Lo lindo es hacerlos sentirse importantes, que griten fuerte a los dos días y a los cuatro vientos ¡ya sé montar bicicleta!, así de sencillo.

Cuántas cosas pueden nacer, es la pregunta de cada día. A veces los más insospechados detalles, aparentemente insignificantes, son inmensas realizaciones para los niños.

Qué bueno saber sobre corte y costura para zurcir la camisa o saya de la escuela, poner un simple botón..., y que nos hagan recordar la genial obra Bebé y el Señor Don Pomposo: «... y cada vez que ve Bebé a su mamá, le echa el bracito por la cintura, o se le sienta al lado en la banqueta, a que le cuente cómo crecen las flores, y de dónde viene la luz al sol, y de qué está hecha la aguja con que cose, y si es verdad que la seda de su vestido la hacen unos gusanos...».

Y dentro de este amasijo de oportunidades cognoscitivas los trabajadores sociales se acercarán a los niños con desventajas sociales y a los que padecen enfermedades de baja prevalencia, y hasta detendrán su mirada en los adultos mayores, al incorporar el verano a los hogares de ancianos.

Que al ver una cámara fotográfica, distingan el lente, el obturador, el flash; que al tirar una foto, sepan que la claridad debe darte en la espalda, qué es un primer plano...; que alguien te enseñe a bailar nuestro relegado danzón, el mambo, casino y hasta esas modernidades que rompen tímpanos; aprender a decir amigo en otros idiomas, cuando se trate de los cursos de lenguas, o adentrarse en el mundo mágico de los software y la programación en los Joven Club de Computación y Electrónica.

En las clases de artesanía, saber que el término correcto es naturaleza seca y no muerta, como casi todos erramos, y crear alguna obra con sus imperfecciones.

El cultivo de las plantas ornamentales, esas que a veces se marchitan en nuestras casas, o la cría de peces exóticos, se inscriben en los contenidos que se impartirán en muchos rincones.

También el cuidado del medioambiente..., concursar y ejercitarse en ortografía, aprenderse un guión para subir a las tablas con una puesta teatral, serán conocimientos bienvenidos en las caras felices de los niños.

Realmente los cursos de la creatividad en todos los municipios y consejos populares se convertirán en opción educativa y atractiva, que recabará de todo el amor de los instructores de arte.

Con dos frecuencias semanales (martes y jueves) las cuatro manifestaciones artísticas expondrán temas de la música infantil y sus principales compositores; en danza conocerán de bailes populares cubanos, de nuestro folclor y de la tradicional rueda de casino; en artes escénicas se transmitirán conocimientos sobre maquillaje, la construcción y manipulación de títeres y el conocido espacio de Narración oral; y en artes plásticas aprenderán a dibujar a nuestro país y se adentrarán en el mundo mágico de la impresión.

La XXXI edición de las BET propone más de 60 cursos cortos, cuya matrícula se hará en los comités municipales de la UJC, con la característica de que los propios centros de trabajo comprometidos con recibir fuerza estudiantil propondrán opciones para elevar el nivel cultural de los movilizados.

Los cursos de verano no pueden calentarse por embullo y enfriarse súbitamente, porque se destemplarían como los metales cuando se les cambia la temperatura. Tienen que salir de las gavetas y tomar por asalto el tiempo libre de las vacaciones, para que los niños adquieran y naveguen en la nube de los nuevos conocimientos.

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