Los olvidados del verano

Autor:

Nelson García Santos
SANTA CLARA.— En cada verano, como este que entró en su segmento final, miles de personas disfrutan en las playas, piscinas o de fiestas organizadas a cielo abierto, lo que supone extremar las medidas de seguridad para evitar posibles tragedias.

La situación resulta compleja si añadimos que aumenta también el trasiego de vehículos para el transporte, de personas hacia y desde los lugares de esparcimiento. Lo anterior supone mantener el mayor control posible y un trabajo preventivo eficaz para garantizar la seguridad y tranquilidad ciudadanas.

Más allá de los deslices que siempre afloran, un grupo importante de personas en todo el país trabajan en función de garantizar desde los abastecimientos de comestibles hasta la seguridad del tráfico en las carreteras y el orden en las playas y en cada uno de los espectáculos públicos.

Un acercamiento, desde Villa Clara, sobre cómo ha transcurrido el verano hasta el presente, permite afirmar que va bien, más por prevención que por azar, sin grandes contratiempos.

Personal de la Cruz Roja ha atendido a cerca de 300 personas, incluidas nueve que estuvieron en peligro de ahogarse, debido a heridas producidas al tirarse hacia el agua o lesiones en la piel al exponerse excesivamente al sol, por citar ejemplos.

Si no han sido más las personas dañadas, que tampoco son tantas teniendo en cuenta los miles y miles de bañistas de cada día, se debe a la labor preventiva. Sobre cómo la concretan ejemplifica Mario Comas, secretario de la Cruz Roja en Villa Clara: «El salvavidas no espera a que alguien necesite su ayuda, al contrario, está alerta para exigir que regrese al que se aleja demasiado del litoral, o prohibir a alguien, pasado de tragos, que entre al agua».

Contó también que cuando detectan niños sin acompañantes en las playas se les llama y con ellos se localiza a sus padres para indicarles que no pueden estar solos en el agua. O se ataja a aquellos que inventan tirarse de los muelles.

El personal de la Cruz Roja dedicado a la seguridad acuática en la provincia asciende a 84 trabajadores, entre salvavidas, sanitarios y voluntarios, una cifra que se debe aumentar, según el directivo de la organización.

Otra de las cuestiones que más preocupa y a la cual prestan especial atención es la transportación masiva de personal por las consecuencias fatales que puede originar un accidente.

En la provincia, hasta ahora, tampoco ha ocurrido ningún percance de ese tipo, a pesar del gran flujo de tráfico, explicó el teniente Eduardo López Cárdenas, de la dirección de tránsito en el territorio.

A ello, indudablemente, contribuyó el hecho de que recibieron el aval de tránsito, los cerca de 600 camiones y ómnibus de distantes empresas que han transportado personal hacia las playas u otros lugares.

La dirección de tránsito orienta una serie de recomendaciones a los choferes y sus responsables, luego de comprobar que técnicamente el vehículo está apto para realizar el traslado de pasajeros.

En ese sentido les prohíben circular a más de 60 kilómetros por hora, exigen transportar estrictamente la cantidad de pasajeros fijada para cada vehículo según su capacidad y realizar los viajes solo en horario diurno.

El control sobre estas regulaciones se mantiene cada día con la prioridad de la vigilancia de las vías hacia los balnearios y operativos los fines de semana, los de mayor afluencia de ómnibus y camiones.

Muchas veces este trabajo de aseguramiento que involucra a miles de personas, de un extremo a otro del país, transcurre en el anonimato, son los grandes olvidados a la hora de cuantificar lo que estuvo bien, regular o mal. Y salvar una vida o evitar que se pierda implica una acción inconmensurable.

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