Pescar con tarjeta

Autor:

Luis Luque Álvarez

El 55 por ciento de los médicos, los expertos en computación y los especialistas de otras ramas del saber que emigran hacia el Primer Mundo, lo hacen hacia Estados Unidos. Solo el cinco por ciento escoge por destino a la Unión Europea. «¡El cinco por ciento!», trinan en Bruselas. «¡Hay que corregirlo!».

Así, con estas urgencias, está naciendo la Tarjeta Azul.

El bloque comunitario tiene prisa. Dado su bajo crecimiento demográfico, en el año 2030 habrá perdido a 20 millones de trabajadores. ¿Cómo suplir el déficit? Hoy mismo la Comisión Europea (CE) propuso extender el tiempo mínimo de licencia de maternidad que en algunos países es de solo 14 semanas para incentivar la natalidad.

Pero mientras los nenés crecen y se vuelven laboralmente diestros, «hay que hacer algo». Y ahí sale a la luz, repito, la Tarjeta Azul.

Se trata de una propuesta de la CE, de finales de 2007. En días pasados, los ministros de Trabajo e Interior de la Unión Europea le dieron el visto bueno, y el 15 de octubre la «criatura» será examinada en Bruselas por los jefes de gobierno de los 27. Y presumiblemente aprobada.

¿En qué consiste la Tarjeta? Sencillamente, en un mecanismo para llevar hacia Europa a lo más selecto, a la flor y nata de los profesionales del Sur. Se «vende» sola: los beneficiarios, dotados de una alta calificación profesional la que ya traen de sus países de origen, obligados entonces a prescindir de ellos, y con al menos cinco años de experiencia laboral, se establecerán en un país de la UE durante año y medio, y al término, solicitada otra tarjeta, podrán radicarse donde lo deseen. También podrán llevar después a sus familiares, quienes tendrán derecho igualmente a integrarse en el mercado laboral.

Por cierto, se anuncian condiciones, con la «buena voluntad» de evitar una sangría de talentos que dejen con una mano atrás y otra delante a los países emisores. El ministro de Trabajo español, Celestino Corbacho, ha explicado, citado por el diario El País, que hay que abstenerse de contratar activamente personal de sectores deficitarios, como la salud. «Si un país tiene carencia de médicos, no tiene lógica que contratemos médicos de ese país», afirmó.

Como intención es muy correcta. Pero, ¿y los hechos? Según datos aportados por la Voz de Alemania, los trabajadores extranjeros con alta calificación constituyen únicamente el 1,72 por ciento de todos los inmigrantes en la UE. En EE.UU. son el 3,2 por ciento. La cuestión que no se planteó el alto funcionario español es esta: si en Europa se le cerrara la puerta en las narices al doctor emigrante, ¿no virará el rostro hacia el otro lado del Atlántico, donde seguramente lo contratarán? «Hombre, antes de que lo empleen los norteamericanos, lo empleo yo», será el sentir, adivina discretamente.

Por otra parte, la Tarjeta Azul no escapa a una contradicción. Se quiere potenciar el arribo de profesionales del Sur, ¡pero aún se les mantienen las puertas cerradas a los trabajadores de ocho de los diez países que se integraron a la UE en 2004! Hablamos de polacos, checos, húngaros, lituanos, estonios, letones, eslovenos y eslovacos, quienes se contentarían con imitar a las mercancías que, esas sí, circulan libremente, sin fronteras.

Explico: no se trata de una traba a nivel comunitario, sino establecida por varios países individualmente. Así, mientras Irlanda, Gran Bretaña y Suecia dieron vía libre a los «nuevos» desde el principio, y otros Estados lo fueron haciendo progresivamente, aún quedan países como Alemania, Dinamarca y Bélgica, que no permiten el acceso de trabajadores del Este. Curiosamente, Hungría, Polonia y Eslovenia establecieron restricciones recíprocas. Quizá no sean muy efectivas, pero había que responder. «¿Somos iguales o no?».

La gran paradoja en este sentido es que, para levantar esas barreras, la UE da de plazo hasta 2011. ¡Pero la Tarjeta Azul podría entrar en vigor mucho antes! Entonces, ¿ir al océano a pescar con tarjeta que no con vara lo que sobra en el río cercano?

Los «eurogobernantes» ya ventilarán esa contradicción. Mientras, en el Sur, los pejes aletean...

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