El viento

Autor:

Juventud Rebelde

Un avión con trescientos pasajeros crea con sus motores un huracán de 1 000 km por hora. Se opone al viento, pero se sostiene y avanza gracias a él.

El avión es metálico y de forma especial, pero sabemos también de una choza de diez metros cuadrados de superficie cubierta, hecha de troncos atados con tientos, que resistió terribles vientos y sacudones verticales de ocho metros durante 52 días. La choza fue construida sobre una balsa que cruzó el Atlántico, en 1984, desde las Islas Canarias hasta Venezuela, con cinco valientes, previsores e inteligentes tripulantes argentinos. La balsa con su choza se llamaba Atlantis y fue construida y capitaneada por un abogado: Alfredo Barragán.

Debemos pensar creativamente no solo en refuerzos, sino también en formas y conceptos para no limitarnos esta vez a «reparar los daños», sino a prever los huracanes, asumiendo que debemos vivir dentro de ellos, como viven en las inundaciones los habitantes del delta del Tigre, al norte de Buenos Aires, y en otros deltas del mundo. Ellos no reparan los daños una y otra vez construyendo a nivel del piso. Lo hacen sobre pilotes siempre más altos que la última inundación, puesto que estas, como los huracanes, serán cada vez más fuertes.

Se habla de reforzar los techos cuando son de tejas livianas, y no está mal, es uno de los caminos. En estos días me llegan decenas de mensajes desde Baracoa informándome que los techitos piramidales que construimos para el barrio El Turey, en 1961, no se volaron. Estos techos no están vinculados a las paredes ni a su viga de apoyo, sino simplemente apoyados. Resistieron por su forma (cinco techitos piramidales por casa, de 1 600 kilos de peso cada uno, con seis centímetros de espesor y cabilla del 6. Un techo a dos aguas no hubiera resistido por presentar al viento una verdadera vela que generaría una succión poderosa, y no a nuestro favor, como la que se genera en el plano superior del ala de un avión.

Pensar libremente es no someter nuestros pensamientos a la lógica implacable sin dejarlos crecer primero. Imaginen disparates y un tiempo después, solo después, sométanlos a la razón. ¿Acaso es lógico, es factible, para cualquier academia militar del mundo, invadir un país con doce hombres desarmados muertos de frío en un cañaveral, derrotar a un ejército pertrechado y conquistar el poder?

También podría pensarse en las plantaciones. ¿Podrían atarse los troncos entre sí de una manera rápida y sencilla, por ejemplo? (solidaridad vegetal). No importa que no se pueda. Una idea sirve de plataforma para la siguiente, hasta llegar a la correcta. ¿Y los postes de luz? ¿Deberán seguir siendo postes? ¿no existirán soluciones alternativas?

Arquitectos e ingenieros somos técnicos, es cierto. Pero antes debemos ser creadores, Y hagámoslo con el pueblo. No hay otra forma de ser revolucionario.

*Arquitecto argentino

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