Automóviles con -o sin- salvavidas - Opinión

Automóviles con -o sin- salvavidas

Autor:

Juana Carrasco Martín
La industria automotriz de capa caída. Foto: AFP Probablemente es la industria insignia, el símbolo del éxito individual, la imagen del bienestar estadounidense, el icono del consumismo y también de la opulencia, más el sueño de no pocos, pero ahora el automóvil busca desesperadamente un salvavidas que lo rescate de las turbulentas aguas de la crisis económica.

General Motors, Ford y Chrysler, los tres grandes consorcios automotores de Detroit, tienen las gomas pinchadas, andan sin dirección cuesta abajo, y piden desesperadamente como freno una ayuda colosal del Congreso de Estados Unidos. La solicitud primaria ascendía a 34 000 millones de dólares. Los demócratas quieren darla, pero algunos republicanos son reticentes, a pesar de que en los 80 la Chrysler se ufanaba en decir que eran «los latidos del corazón de America», y mucho antes, la primera en la escala aseguraba: «Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos», motivaciones «válidas» para que alguien acuda al socorro.

Adentrado el miércoles, la Cámara de Representantes dijo Sí al cortejo vehicular, y aprobó por 237 votos a favor y 170 en contra la propuesta negociada entre los demócratas y la Casa Blanca de Bush: un préstamo de emergencia de 14 000 millones de dólares.

Hoy viernes, el Senado debe pronunciarse también sobre el controversial salvamento. Sin embargo, son tantas las dudas en cuanto a una decisión aprobatoria que evite el colapso de la industria automovilística estadounidense, que las acciones de General Motors y de Ford se desplomaron en 10,43 y 8,62 por ciento, respectivamente, acercándolas junto a la Chrysler a la bancarrota, y con ello a una profundización de la crisis.

Muchos exigen que las tres de Detroit presenten proyectos claros de reestructuración, garantes de una eficiencia inexistente desde hace años ante el empuje de una competencia asiática que apostó por vehículos de mayor rendimiento, menos gastadores, poco contaminantes y fabricados para enfrentar la otra crisis, la energética.

Siguen arribando los Toyotas asiáticos. Foto: AFP De todas formas, las Tres Grandes tienen una baza convincente para este juego: su insolvencia provocaría una debacle de marca mayor en el mercado de la fuerza laboral, pues los cierres de sus fábricas aumentaría drásticamente el número de desempleados, que en Estados Unidos ya anda en el orden oficial del 6,7 por ciento —aunque se dice que es mucho mayor ese porcentaje— y la tendencia es casi volar hacia índices superiores.

Sin embargo, se quiere que el trío reduzca gastos bien superfluos y multimillonarios que actúan como carburantes aguados para la industria: las bonificaciones anuales a sus altos ejecutivos, la disminución o reasignación de los jets particulares de esos jefazos, la distribución de los dividendos... etcétera, etcétera, etcétera.

Aunque en honor a la verdad, el sector del transporte tampoco anda muy boyante en otros lares, cuando la construcción, los seguros, los bancos, la minería y decenas de industrias han sido duramente golpeados en un 2008 que parece destinado a ser fatídico en la historia de los tiempos modernos, y aproximarse a un recordatorio de aquella película homónima del genial Chaplin.

Por ejemplo, las automotrices «suecas» Volvo y Saab, recibirán un paquete de ayuda económica por 28 000 millones de coronas (3 400 millones de dólares) del gobierno de Estocolmo para preservar los 30 000 puestos de trabajo directos, más otros 120 000 en la fabricación de repuestos. Pero es el caso que ese rescate irá a parar a las estadounidenses porque —¡sorpresa!—, Volvo es propiedad de la Ford y Saab de la General Motors.

Otro tanto sucede en otras capitales europeas, donde los autos «locales» también son de las transnacionales, haciendo evidente, y sin ánimo de parodia, que ese mundo no aguanta más...

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