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Autor:

Juventud Rebelde
Ya se ve la cerca de recuerdo y mañana que separa este año del próximo. Entre los ritos comunes de estos días: recuentos, nostalgias, planes, ausencias. Hay quien busca en su bolsa, más que los regalos de la fortuna, las uniones que lo hicieron afortunado. Parecen oportunas entonces, para el «adiós» que comienza a ser «hola» estas letras que envía un lector villaclareño...

Es común ver a las personas que dicen: «No me gustan las despedidas». Pero las despedidas son buenas, porque ellas nos regalan los encuentros. ¿Cómo tendremos encuentros si nunca nos despedimos? (...)

Tengo un amigo que vive lejos, lejos, lejos, en otro país, hace años que no sé de él. Sin embargo, procuro que no pase mucho tiempo sin ir a los lugares donde nos conocimos, sin bañarme en los ríos donde jugábamos o sin leer los libros o escuchar la música que compartíamos. Así, cuando nos encontremos sabré dónde nos quedamos y todo será como antes. Hay que saber cultivar los encuentros para que no mueran de despedida.

Tengo otro amigo al que sé que no veré más. Para él invento encuentros que sé le gustarían. En ellos le hablo de lo irreal de las distancias, nos bañamos en lluvias de cascabeles y hablamos de cosas gratas. Le comento además que la soledad se combate con abrazos y canciones, recuerdos y esperanzas.

Paso días inventando encuentros para ese amigo que sé no veré más. Es lo único que se puede hacer ante una despedida que fue real y redonda como un sol.

Tengo un amigo que no conozco, que conoceré, quizá seas tú, y ya he creado para ti lindos encuentros. (Tomado del libro Mónica caída del cielo, de Boris Mesa)

Tertulia, premiación, ocurrencia

Los espirituanos, que quieren poner la varilla de las ocurrencias a alturas «sotomayóricas», han prometido que la tertulia teclera de mañana será la más larga que se haya hecho hasta ahora. Coloquio, homenaje a los 50 años de fundación y también a JR, intercambio con miembros de la Sociedad Cultural José Martí en la provincia, y unas cuantas sorpresas más, que de anunciarse dejarían de serlo, constituyen el plato fuerte de este viernes. Los ganadores centroorientales del concurso Historias con canción recibirán allí su premio. A las nueve de la mañana, en la Biblioteca Provincial, se rompe el corojo. Allá los que quieran enterarse solo por cuentos...

Semilla

Abel derramó su sangre en el comienzo. /No lo siguieron más que los humildes, los olvidados. /Y, luego de andar sobre el mar,/quedaron doce y todo empezó de nuevo.

Bajaron con barbas al romper el año, /y tuvieron discípulos sobre la vasta tierra./Esto lo sabía ya el libro. /Pero los símbolos que ellos hicieron/ no tenían libro: los que hicieron las cosas/ no tenían nombres, o al menos sus nombres/ no los sabía nadie. Las fechas que llenaron/ estaban vacías como una casa vacía.

Ahora sabemos lo que significa Cuartel Moncada, 26, /lo que significan Camilo, Che, Girón, Escambray,/ octubre.

Los libros lo recogen y lo proponen./ El viento inmenso que lo afirma barre las montañas/ y los llanos/ donde los que no tienen nombres,/ o cuyos nombres no conoce nadie todavía,/ preparan en la sombra llamaradas/ para fechas vacías que veremos arder. (Que veremos arder, de Roberto Fernández Retamar)

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