Ella paga, él destruye, y aquellos sufren

Autor:

Luis Luque Álvarez
Como bomberos remolones que llegan solo para ver las cenizas...

Así, si vale la comparación, han hecho varias autoridades de la Unión Europea respecto a la agresión de Israel contra la Franja de Gaza: fueron 21 días de bombardeos, ¡y solo al final!, después de que Tel Aviv anunció el cese el fuego, unos cuantos líderes —los de Alemania, Italia, España, Francia y Gran Bretaña— se personaron en el balneario egipcio de Sharm el Sheik para hablar del futuro de la Franja de Gaza.

Para cuando venga el sombrero, decía mi abuelita, vamos a ver si todavía hay cabeza...

Miro un momento a otros, a los países árabes. No me detendré mucho tiempo. Solo hago notar que el petróleo que mueve a los tanques israelíes viene, en alguna medida, de los pozos de la región. Y que algo más podía haberse hecho en el terreno diplomático, antes que sentarse a ver cómo los cohetes israelíes despedazaban niños. Jordania, Egipto y otros países de la zona guardan relaciones con Israel. ¿Las cortaron acaso?

Siento pena, vergüenza ajena. Al final, ¿por qué no existe aún un Estado para los palestinos? Pues porque ese pueblo, contra lo que algunos creen, está solo, muy solo, abandonado a su suerte por quienes dicen respaldarlo.

Lo dejo aquí, y miro a Europa. En puridad de verdad, no se puede decir que todos se hayan quedado embelesados contándole los cráteres a la Luna. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, al menos visitó Israel para intentar aplacar a los ejecutores, y el canciller de España, Miguel Ángel Moratinos, trató de obtener lo mismo con un viaje a Jerusalén. Pero de los demás, si no un respaldo al que disparaba, por lo menos hubo bastante indiferencia...

Y claro, no se puede dejar de notar el «tacto» de ciertas gestiones, a la manera de «si no le es molestia, querido gobierno de Israel, ¿pudiera usted hacer el favor de detener estos ataques que no le hacen bien a su invalorable prestigio?». ¡Como si el Estado sionista fuera un frecuente y entusiasta cumplidor de la ley internacional, y solo esta vez se le hubiera ido la mano!

La agresión ha cesado. Por ahora. El Movimiento de Resistencia Islámica (HAMAS) deberá aprovechar el silencio de las armas para replantearse si el lanzamiento de sus cohetes contra territorio israelí —sin distinguir en absoluto si caen sobre militares o sobre civiles— resulta factible para los millones de inocentes de Gaza que permanecen a tiro de los misiles de Tel Aviv.

La UE, entretanto, también debe juzgar lo inadmisible de una triste realidad: que casi en sus fronteras, un país de apenas siete millones de habitantes, y más pequeño que Haití, ignora cualquier llamado a la contención y desprecia al bloque comunitario cuando le place, pues la seña aprobatoria viene desde Washington ¡y nada va a pasar!

Tradicionalmente ha sido así. Desde el establecimiento de la Autoridad Nacional Palestina en la década de los 90, la UE ha contribuido con sumas millonarias al desarrollo de la infraestructura palestina. El aeropuerto de Gaza fue una de esas obras. ¿Y qué hizo con esa inversión el primer ministro israelí Ariel Sharon en 2001? Pues le zumbó un misil a la torre de control, mientras los buldózeres se dedicaron a destrozar la pista metro a metro. Por este y otros muchísimos ejemplos, ¡vaya singular respeto el que siente Israel hacia sus amigos europeos, pues cuando quiere rompe a cohetazos lo que aquellos ayudaron a edificar!

Ahora, la eurocomisaria de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, advierte que hasta tanto HAMAS no deje de controlar la Franja de Gaza, la UE no invertirá ni un centavo en la reconstrucción.

Mi pregunta: ¿Por qué no le dice a Israel que, hasta tanto no se le pase el antojo de derribar lo que otros erigen con gran sacrificio, la UE dejará sin efecto el Acuerdo de Asociación bilateral, suscrito en 1995, y que en su Artículo 2 afirma que las relaciones entre ambos «deben estar basadas en el respeto a los derechos humanos y los principios democráticos»? ¿Cómo puede continuar siendo válido mientras los derechos humanos son pisoteados ahí mismito, en las costas del Mediterráneo, por uno de los firmantes?

No lo sé, sinceramente. Y dudo que en Bruselas tengan una respuesta convincente...

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