Zapatero y el optimismo (y las fresas)

Autor:

Luis Luque Álvarez

Miles de marroquíes que son contratados por bajísimos salarios para ir a cosechar fresas en Huelva, Andalucía, puede que en 2010 se queden cruzados de brazos en sus casas, debajo del Estrecho de Gibraltar. Quizá su labor agrícola la hagan otros. Tal vez... ¡españoles!

El desempleo: él es el «culpable». Y es el más visible signo de la recesión que ya golpea al país ibérico. Días atrás, cuando el presidente del gobierno socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, compareció ante un grupo de ciudadanos en el programa «Tengo una pregunta para usted», de TVE, varias interrogantes iban enfiladas a la economía, y en particular, a la destrucción de puestos laborales.

España, en el contexto de la Unión Europea, tiene una situación peculiar. Según cifras de la revista británica The Economist, desde su entrada en el bloque comunitario en 1986, el país recibió fondos por 186 000 millones de euros, y entre 1994 y 2007 experimentó un salto económico que hizo decrecer el paro desde el 24 hasta el ocho por ciento. De cada tres empleos que se creaban en la zona euro, uno era en España. La bonanza iba al alza, y el nivel de vida español terminó por desplazar incluso al italiano.

Pero la fiesta se acabó. Las sonrisas se han trocado en muecas ante un desempleo que se extiende con rapidez. Solo en 2008, más de un millón de personas fueron despedidas, por lo que la cifra total de parados supera los 3,2 millones. La tasa, que roza el 14 por ciento, amenaza con convertirse en 16 por ciento al concluir 2009, de modo que ¿de cuántos cientos de miles de trabajos perdidos hablaremos en diciembre?

Una de las explicaciones reside en la caída del sector de la construcción. España es el país europeo donde se erigen más edificaciones, pero la crisis restringió la demanda. Según afirmó Zapatero, de 700 000 viviendas anuales que se levantaban, se retrocedió a 400 000, y por cada una ¡hay dos empleos! Basta una simple multiplicación para imaginar que los surcos de fresa y las listas de receptores de ayuda estarán más concurridos que de costumbre...

El jefe del gobierno, no obstante, llama a «no perder la esperanza», pues a finales de 2009 «habrá señales de recuperación». Ese optimismo descansa en el denominado «Plan de Estímulo a la Economía y el Empleo», concebido gracias a que «tres años consecutivos de superávit presupuestario nos permiten ahora incurrir en déficit sin poner en riesgo la credibilidad de las finanzas públicas».

La Moncloa (sede del Ejecutivo) explica que la iniciativa destinará cifras millonarias a atenuar el impacto de la crisis en las familias (aquellas cuyos miembros pierdan el trabajo, podrán postergar el pago de sus deudas), fomentará el empleo mediante la realización de proyectos locales, entregará recursos y facilidades de crédito a las pequeñas y medianas empresas, garantizará los depósitos bancarios con hasta 100 000 euros y buscará mejorar la productividad en el transporte, la energía y las telecomunicaciones.

En este último objetivo debe haber urgencia, pues la construcción —tan demandada hasta esta hora de declive— suele ofertar empleos de baja calificación. El momento es otro, y Madrid pretende reforzar la investigación científico-tecnológica para «impulsar el cambio del actual modelo productivo» y acelerar la recuperación económica.

Claro que todo lleva su tiempo. Y al entusiasmo de Zapatero —«las cosas mejorarán a finales de 2009»—le salen al paso, además de los usuales ataques desde el derechista Partido Popular, fatales predicciones desde Bruselas: para la Comisión Europea, la recesión española será más profunda que lo que cree Madrid y más larga que en el resto de la UE (a otros países dedicaremos próximos comentarios). El nivel de desempleo será asimismo el mayor.

Ante tan grises noticias, el gobierno español tendrá ocasión de comprobar la eficacia real de sus medidas de estímulo. Y los ciudadanos sintonizarán TVE para ver si el optimismo se mantiene. O si se fue a recoger fresas a Huelva...

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