Coca Cola para Marco Polo

Autor:

Luis Luque Álvarez

Si Marco Polo, harto de imperiales comodidades en los remotos dominios del Gran Khan, arribara próximamente a su Venecia natal, el primer sonido que escucharía al poner pie en tierra sería un metálico ¡crash!, al pisar... ¡una lata de Coca Cola! Sí, porque al alcalde local, Máximo Cacciari, se le ha ocurrido firmar un contrato con dicha transnacional para instalar unas 60 máquinas expendedoras del refresco en la hermosa ciudad del Adriático.

Ya, ya: los críticos toman nota de que los distribuidores no se colocarán en lugares emblemáticos como la Plaza de San Marcos o el Puente del Rialto, pero no han convencido las excusas del edil de que se requiere más plata (serían unos 2,7 millones de euros) para reparar los hermosos monumentos. Incluso el diario La Stampa, de Turín, da voz a los extrañados comerciantes locales: «Así que ahora acepta el dinero de las multinacionales», sutil manera de deslizar que hasta ahora ellos han sido discriminados.

Una curiosidad: si solo en 2008 la hermosa Venecia recibió 20 millones de turistas —¡20 millones!, un 30 por ciento más que en 2007, según datos del Ayuntamiento—, ¿de dónde vienen entonces los apuros monetarios?

Nada le basta al señor alcalde. Y el monstruo refresquero tampoco sabe de límites. «¡Cuidado, señor Polo!, no sea que resbale con esa... (¡Plaf!) ¡Hombre al agua!».

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