Rajoy toca la gaita

Autor:

Luis Luque Álvarez

«Es gallego, ama a Galicia», rezaba un anuncio electoral en el que se veía al líder del derechista Partido Popular español, Mariano Rajoy, dando más vueltas que un trompo por toda la geografía gallega, de pueblito en pueblito, de ciudad en ciudad, miles de kilómetros, para apuntalar a su formación ante los comicios regionales del pasado domingo.

Y le dio buen resultado. Ganó.

Es decir, no ganó él directamente, porque el jefe de los populares allí se nombra Alberto Núñez Feijóo. Pero tal parecía que era Rajoy, por su alto grado de implicación en la campaña. Y ese «amor por Galicia», que en 2002 el gobierno de José María Aznar, tenía empolvado en el fondo de un closet cuando el petrolero Prestige inundó de chapapote las costas gallegas, llegó a convencer: 39 de los 75 escaños en el Parlamento autonómico serán para el PP, con lo que sale del aire la coalición gobernante entre el Partido Socialista de Galicia (PSG) y el Bloque Nacionalista Gallego.

Ya el cabeza del PSG, Emilio Pérez Touriño, presentó su renuncia a seguir dirigiéndolo, mientras que el vicesecretario general del Partido Socialista Obrero Español, José Blanco, llamó a analizar los errores causantes del malestar en esa comunidad autónoma, y desvinculó la caída de los socialistas gallegos de las malas noticias económicas que inundan a España, en medio de la crisis global.

Él dirá que no, pero lo más probable es que sí tengan que ver, por el normal efecto de que, si las cosas empeoran, la tendencia es lanzarle el primer tomate al partido gobernante. Poco importa que, en lo económico, el PSOE no haya hecho nada sustancialmente distinto de lo que hizo el PP en ocho años de Aznar, o de lo que Rajoy hubiera hecho de haber conquistado La Moncloa. El modelo no sufrió variaciones de rigor.

Ahora bien, de que a Rajoy le sobran razones para tocar la gaita de júbilo, le sobran. Su liderazgo al frente del PP ha estado tambaleándose en los últimos tiempos, por su segunda derrota en las urnas frente a los socialistas de Zapatero, en las generales de marzo de 2008, pero sobre todo por los escándalos que involucran a su partido, en el que lo mismo se espían unos a otros en la Comunidad de Madrid, que se lían en Valencia, desde la Generalitat (gobierno autonómico), en contratos de mal tufo con oscuras empresas y se ganan una investigación judicial de Baltasar Garzón.

La victoria en Galicia tiene, pues, para el asfixiado Rajoy, el efecto de un balón de oxígeno. Y para el PSOE supone una primera tarjeta amarilla. Tendrá que ingeniárselas para evitar otras antes de 2012.

Mas no solo en Santiago de Compostela cambió el escenario. El País Vasco fue la otra comunidad que celebró elecciones el domingo. Allí, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) alcanzó únicamente 30 escaños en el Parlamento regional, que unidos a los de otras formaciones más pequeñas, no le alcanzan para sobrepasar la línea de los 38 (mayoría absoluta). Es en esto en lo que tanto socialistas como populares, paradójicamente, han encontrado pretexto para festejar.

La cuestión es que el Partido Socialista de Euskadi (PSE) ha sido el segunda más votado, con 24 puestos, y su líder, Patxi López, podría convertirse en lehendakari (jefe de gobierno) si se decide a aceptar el apoyo del PP, que estaría encantado con darle sus 13 votos con tal de echar al PNV e interrumpir su saga de 29 años de gestión. Otra fuerza, la pequeña Unión, Progreso y Democracia (UPyD) se sumaría con gusto al plan.

Pero el rompecabezas no es fácil. En primer lugar, se vería bastante antinatural una alianza del PSE con el PP vasco, la misma fuerza que se dedicó a descalificar el intento de Zapatero de hallar una solución de paz al conflicto con la organización separatista armada ETA. ¿Antes el insulto, y ahora el arreglo? ¿Qué «bien llevada» yunta promete la misma derecha que ha sido la principal protagonista de cinco años de crispación política con el PSOE?

En segundo término, si el PSE da el «sí», y si López se convierte en lehendakari, Zapatero puede despedirse del apoyo que hasta ahora le ha dado el PNV en el Congreso de los Diputados, donde el PSOE no tiene mayoría absoluta, y depende de tales respaldos puntuales.

Habrá que esperar a los próximos días. Hasta hoy, lo que no se duda, es que entre quienes cantan victoria, la voz del PP y la gaita de Mariano se escuchan más claritas...

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