Las abuelas a la cárcel... y los nietos a la guerra - Opinión

Las abuelas a la cárcel... y los nietos a la guerra

Autor:

Juana Carrasco Martín

Seis años se cumplirán este sábado 21 de marzo del inicio de la invasión estadounidense a Iraq, una guerra que ha costado hasta el momento la vida de 4 259 soldados norteamericanos y la muerte 1,3 millones de iraquíes.

Mientras, Barack Obama anuncia que las tropas de combate se retirarán para el 2011, pero quedarán 50 000 uniformados como entrenadores y asesores. El nuevo presidente pone su mira en Afganistán y la zona fronteriza de Paquistán prolongando e intensificando esa guerra. En el patio interno otras fuerzas hacen sus deberes...

«¡Relájense todos!», advertía en tono irónico Joan Wile en el sitio web Commondreams: «La policía de la ciudad de Nueva York está realmente haciendo su trabajo en estos días. Con violadores, asesinos, ladrones de banco y traficantes de drogas, para no mencionar a los ladrones corporativos, galopando por la ciudad, ellos han dado un significativo golpe en las estadísticas criminales el 18 de marzo cuando arrestaron en Times Square a siete abuelas, con edades entre 67 y 90 años».

Probablemente esta haya sido la primera protesta callejera contra la guerra en la era Obama. Las ancianas de la Brigada de Abuelas por la Paz fueron enviadas a la cárcel por manifestarse ante la estación de reclutamiento militar de la famosa esquina neoyorquina. Su sencillo objetivo era llamar la atención del nuevo presidente y solicitarle que reconsidere su decisión de mantener 50 000 efectivos en Iraq y de enviar 17 000 tropas más a Afganistán.

Como reportaba Wile, las abuelas —que apoyaron a Obama en la campaña porque creyeron las promesas de cambios y retirada de Iraq— sienten que las órdenes de la Casa Blanca traerán más muertes y destrucción, y el incremento del sentimiento antinorteamericano en el mundo.

Quieren que haga lo correcto, que no dé un paso malo, y Marie Runyon, de 94 años, lo precisaba así: «La paz solo puede alcanzarse a través de la diplomacia y la ayuda humanitaria».

Con el arresto ahora de estas siete mujeres, resucita la política represiva de George W. Bush. También el 17 de octubre de 2005, 80 abuelas brigadistas fueron detenidas cuando intentaron alistarse, en esa misma oficina de reclutamiento, para reemplazar a los nietos que marchaban a Iraq. Entonces el juicio duró seis días en una corte criminal, y las veteranas fueron absueltas.

Las arrestadas el miércoles, relata el artículo de Commondreams, fueron mantenidas en el precinto de Midtown South durante más de 12 horas, sin alimentos. Salieron temblorosas y débiles del local policiaco.

No es justo, ni es lógico el arresto de las abuelas, menos aún tanta muerte; como tampoco que más de 2,3 millones de iraquíes hayan sido desplazados de sus hogares y que una cifra similar esté refugiada en las vecinas Siria y Jordania. Es el sufrimiento diario de cientos de abuelas más.

Resulta irracional que en una sociedad donde el desempleo ya alcanza a más de 12 millones de estadounidenses —cifra que sigue subiendo—, su gobierno ha gastado 800 000 millones de dólares en la guerra, siga despilfarrando 5 000 dólares cada segundo y 390 000 dólares en cada soldado emplazado en el escenario bélico durante un año. Son números insultantes.

Por eso estoy segura, las estremecidas abuelas también, de que sus ideas justas, sus mentes claras y firmes, y sus corazones generosos no han flaqueado. Salieron de la prisión neoyorquina más fortalecidas.

El sábado, en las calles de importantes ciudades estadounidenses o en pequeños pueblitos de ese país, muchos se unirán a la grandeza de espíritu de estas siete abuelas sabias...

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