Repentistas a los puños

Autor:

Luis Luque Álvarez

Parecía una de aquellas divertidas controversias entre Justo Vega y Adolfo Alfonso, allá por los años 70. Pero los «repentistas» de los que hablaré, ni se profesan la amistad y la simpatía que compartían aquellos prestigiosos artistas cubanos, ni había mucha gracia en sus embestidas verbales. Solo puños.

Ocurrió en el Debate sobre el Estado de la Nación, tras el informe presentado por el jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ante el Congreso de los Diputados de ese país. Con la aguda crisis económica como campo de batalla, el líder del derechista Partido Popular, Mariano Rajoy, dijo del gobernante socialista que se había convertido «en el lastre principal de la economía española», y este le respondió: «Usted no tiene ningún interés en combatir la crisis económica, sino en aprovecharse de ella».

Y no es menos cierto. Nada más salir del hemiciclo, Rajoy se dijo satisfecho de haber ganado «por goleada», ¡como si de eso se tratara, y no de proponerles soluciones a quienes dirigen! No: «Cuatro millones de parados, cuatro millones de parados» era el mantra que repetía, como si del modelo productivo causante de la actual oleada de brazos caídos, el PP, que gobernó durante ocho años (1996-2004), no tuviera ninguna responsabilidad.

Días atrás, el periodista vasco José Manzaneda me dijo algo sobre este punto: «Se sabía que la burbuja inmobiliaria iba a estallar y que iba a traer un desempleo súbito. El mercado no es capaz de absorber los miles y miles de viviendas construidas. Por supuesto, sería necesario reflexionar sobre un sistema económico que construye sin descanso viviendas que luego se quedan vacías, mientras millones de personas no alcanzan a comprarlas por su elevadísimo precio, y sobre la insostenibilidad ecológica que representa el boom constructivo».

Fue, explica, «especulación pura y dura, precios increíbles y alcanzables solo con créditos muy baratos que permitían hipotecas hasta 50 años (...). El ritmo de construcción era muy superior a las necesidades reales, y se metía en la cabeza la necesidad de una segunda vivienda de veraneo».

Es este el modelo que se ha venido abajo, y Zapatero pretende revertirlo (más vale tarde...) mediante el incentivo a la innovación, el empleo estable (la inmensa mayoría de los que están yendo a la calle ahora, eran trabajadores temporales), y la sostenibilidad medioambiental.

El jefe de gabinete desgranó, ante los parlamentarios, un manojo de nuevas medidas para paliar la crisis: el recorte de 1 000 millones de euros en gastos públicos, menores tasas al alquiler de viviendas, ayudas de hasta 2 000 euros a la compra de autos (no es muy ecológico, pero...), y reducción de impuestos a las pequeñas empresas que mantengan a los trabajadores en sus puestos, así como a las compañías aéreas, para que estimulen el viajar más.

Pero nadie lo miró con buena cara. Ni los nacionalistas vascos, gallegos o catalanes (según el diario catalán La Vanguardia, estos últimos temen que las nuevas iniciativas les cuesten un ojo de la cara a las comunidades autónomas), ni Izquierda Unida, que propuso, en cambio, ayudar a los desempleados con contratos de, al menos, cuatro horas de trabajo diarias y 700 euros mensuales, así como que el Estado compre las viviendas embargadas y las ponga a disposición de los necesitados.

También los principales sindicatos hicieron saber su descontento con la comparecencia de Zapatero, por cuanto no dijo ni «ji» sobre medidas para ampliar las prestaciones por desempleo. De modo que, con casi todo el arco político lanzándole flechas, y con un gobierno en minoría (169 diputados, de 350), solo la capacidad para acuerdos puntuales con los partidos más pequeños, salva al jefe de gabinete de ir a sentarse en un cómodo butacón en casa.

Por cierto, las encuestas lo dan ganador en el debate frente a Rajoy, pero, en la concreta, ¿cuántos euros significa esa «victoria» para el desempleado que atisba, preocupado, el fin de su subsidio de paro?

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