Oposición: ni una palabra con Sharif - Opinión

Oposición: ni una palabra con Sharif

Autor:

Juventud Rebelde

Desde hace dos semanas los habitantes de Mogadiscio y otras ciudades somalíes no despiertan en paz. El constante fuego entre las fuerzas gubernamentales y la oposición, la muerte, la hambruna y las estampidas de somalíes en busca de un refugio donde esconderse y salvar sus vidas, dibujan hoy con mucha más crudeza el panorama de ese Estado.

La actual ofensiva del grupo islámico de Al Shabaad y sus aliados contra el Gobierno Federal de Transición (GFT) no tiene precedentes.

Varias ciudades, algunas muy estratégicas, han caído en manos de los rebeldes, y con cada emporio desfallecido aumenta el poder, tanto militar como político, de los insurgentes. El lunes último, los insurgentes de Hizbul Islam, aliados de Al Shabaad, tomaron pacíficamente la ciudad Jowhar, ubicada al norte de la capital. Esta ocupación es particularmente significativa, pues se trata de la villa natal del presidente del GFT, Sheikh Sharif Sheikh Ahmed. Ese mismo día, el movimiento opositor ajustaba tuercas para una ofensiva mayor y sin treguas contra el GFT, instaurado plenamente en esa nación del Cuerno de África con el visto bueno de Occidente y la Organización de Naciones Unidas, dos años después de su formación en Kenya y luego que la Unión de Cortes Islámicas (UCI) fuera expulsada del poder en 2006 con la intervención de las tropas etíopes.

Hasta el momento, los reportes calculan unos 130 muertos, centenares de heridos y 43 000 desplazados, mientras las milicias islámicas reclutan a desplazados internos —la mayoría hombres jóvenes— para sumarlos a su yihad (guerra santa) contra la administración de Sharif Sheikh Ahmed y establecer un gobierno islámico.

Desde muy joven Sharif se vinculó a la UCI —que hace más de dos años tuvo el control de Mogadiscio— y fue un fiel opositor de la ocupación de las tropas etíopes. En octubre de 2008 la Alianza para la Reliberación de Somalia —grupo islámico relativamente moderado al que pertenecía Sharif— y el GFT acordaron ampliar el Parlamento y constituir un gobierno de unidad, pero la decisión creó una crisis en el seno del Ejecutivo que culminó el 29 de diciembre de ese año con la renuncia del entonces presidente, Abdullahi Yusuf Ahmed, considerado un títere de Etiopía y un obstáculo en las negociaciones de paz. Un mes después la nueva Asamblea, reunida en la vecina D’jibouti, eligió a Sharif Sheikh Ahmed como presidente de Somalia.

Mientras el frágil proceso de negociación daba sus primeros pasos en el país vecino, los enfrentamientos continuaban en Somalia y la oposición mantenía el control de Baidoa, sede del Parlamento.

Desde que asumió como presidente, el líder islámico moderado se ha mostrado comprometido por lograr la unificación del Estado y en ese sentido ha cedido a peticiones de la oposición para acabar con la guerra, como la instauración de la sharia en todo el país. Sin embargo, los islámicos más radicales no ceden, como tampoco guardaron sus armas cuando las tropas etíopes abandonaron el país, otra de las condiciones que pedían estos grupos.

Ahora, además, quieren que el contingente de la Unión Africana —también objetivo de sus ataques— se retire, pues consideran su presencia en Mogadiscio como una intervención extranjera.

Al respecto, fuertes críticas a Sharif vienen de un antiguo compañero suyo de lucha antigubernamental, Sheik Hassan Dahir Aweys, ahora al frente de Hizbul Islam. Aweys no tolera que Sharif haya aceptado el pacto de D’jibouti ni que permita la misión de la UA —hasta ahora formada por 4 300 efectivos burundeses y ugandeses y que alcanzará su plena operatividad cuando logre desplegar sus 8 000 hombres— para garantizar la seguridad en la capital.

Como ven, la oposición poco a poco se queda sin elementos para justificar su guerra. Primero la salida de las tropas etíopes... y se marcharon, luego la sharia... y se la dieron, ahora la expulsión de la UA... y nadie sabe qué vendrá después.

Ellos no quieren el diálogo político que les propone Sharif, y que muchos opositores han aceptado con el deseo de impulsar la reconstrucción nacional. Lo que buscan es derrotar al mandatario y garantizarse el control del país. Así, ponen en peligro la supervivencia del intento número 15 por establecer un gobierno central en Somalia, nación que ha estado inmersa en la anarquía por 18 años.

Hoy el caos va de mal en peor, y se tambalea en una cuerda floja la reorganización de las estructuras administrativas —impulsadas por Sharif— de un país que sucumbe a la violencia, la piratería y la hambruna.

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