¿El imbatible árbitro debutó en el play off?

Autor:

Nelson García Santos

Lo inédito de este play off de la Serie Nacional de Béisbol, al margen de todo lo que pueda ocurrir en adelante, resultó el precedente de acudir a la cámara lenta de la televisión para dar marcha atrás a decisiones de los árbitros.

Si fuera exactamente así, se quebrantó el reglamento vigente que confiere a los que imparten justicia la decisión definitiva sobre una jugada en base a su apreciación, que puede ser correcta o errada.

La primicia en esto de la inaudita marcha atrás la tuvo el tercer encuentro entre Villa Clara y Ciego de Ávila. En la octava entrada Yoelbis Fiss conectó una línea al center field, que según decretó el árbitro, la atrapó Ramón Lunar.

Ante la protesta de que había picado, como realmente fue y se mostraba en la televisión, aplicaron, entonces, el veredicto de quieto.

La otra ocurrió cuando el árbitro validó el jonrón de Danger Guerrero en uno de los recientes partidos entre Pinar del Río y La Habana. La bola nunca salió del terreno pues rebotó desde el mismísimo borde de la cerca, como mostraron los videos. En ese caso también hubo marcha atrás.

Un detalle: cómo es posible que si en ambos lances en los jardines, los árbitros que estaban allí definieron inicialmente de acuerdo con lo que vieron o les pareció ver, después cambiaran de opinión. Porque los otros, situados a mucha más distancia de las jugadas referidas, no apreciaron, lógicamente, lo que en verdad ocurrió...

¿O ocaso tuvo peso realmente conocer que la cámara lenta estaba revelando la pifia y el comentario incontenible llegaba hasta el terreno? Si no influyó esto último, ¿en qué se basarían para anular la decisión inicial? En ambos casos medió la demora para aplicar el cambio.

Imagínense ustedes que hoy mismo, a cualquier equipo a la ofensiva en la novena entrada, con las bases llenas y dos out, le ponchen a su bateador estrella, pero que el video demuestre que el lanzamiento matador fue bola. Y venga entonces la protesta...

Porque, a no dudarlo, se ha sentado un precedente. La decisión buena, regular o mala, del que imparte justicia, más cuando ocurre el desenlace fuera del campo visual de sus colegas, hay que respetarla. Entre otras cosas porque suena raro o fuera de lugar este proceder de tomar una decisión en base a lo apreciado, y unos minutos después desecharla.

El juez que validó el famoso gol que Diego Armando Maradona le encajó con la mano a Inglaterra en el Mundial de Fútbol —celebrado en México, 1986— no cambió su sentencia a pesar de que en el propio estadio se apreciaba, a través de las pantallas de televisión, la inmensa pifia en que había incurrido.

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