El equipo Bush actúa, Obama en el no compromiso

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Juventud Rebelde

México, 28 jun (PL) Hace justamente 15 días llamábamos la atención sobre lo que estaba sucediendo en Honduras, donde el gobierno democráticamente electo del presidente Manuel Zelaya enfrentaba una embestida tanto de los grupos empresariales nacionales y extranjeros, así como de los sectores más retrógrados de su país, debido a su convocatoria a una consulta ciudadana.

La consulta tenía una sola pregunta, si se estaba o no de acuerdo en que en la elección de presidente, parlamentarios, alcaldes y regidores del 29 de noviembre próximo se colocara una cuarta urna para que los electores manifestaran si estaban de acuerdo o no en que se convocara a una Asamblea Constituyente.

Si en la consulta se aprobaba la idea de colocar la cuarta urna y en noviembre se optaba por convocar a la Asamblea Constituyente, esa Asamblea se elegiría cuando ya Zelaya hubiera terminado su período y funcionaría según las normas que entonces se fijaran.

Esto despertó una feroz respuesta de los sectores que ya hemos señalado y salió a relucir un aspecto tragicómico de la constitución vigente, dictada en 1982 durante el gobierno de una dictadura militar y es que esa constitución es eterna, nadie la puede modificar y quien lo intente es considerado traidor a la patria.

Lo que la redactaron lo gritaron a diestra y siniestra en estas semanas. No se sabe que alguna otra constitución en el mundo tenga esas características, tal vez por eso el Secretario General de la OEA comentó, según trascendió, Yo creo que en el mundo hay constituciones flexibles, constituciones rígidas y la constitución de Honduras.

En este contexto, la campaña contra la consulta adquirió características sólo comparables a las que se han desarrollado para desestabilizar gobiernos democráticos, como ocurrió en Chile contra Salvador Allende.

También es similar a lo que se ha hecho contra el presidente Chávez en Venezuela, que incluyó el secuestro de ese mandatario por un grupo de uniformados y la juramentación de un presidente espurio, que duró muy poco en el cargo debido a la reacción del pueblo venezolano y de la mayoría de sus fuerzas armadas.

No es coincidencia esta similitud como ya veremos luego. Más allá de las declaraciones de la oposición política, de las iglesias y de la campaña del miedo para que la gente se abstuviera de votar, había una clara disposición popular de participar en esta consulta.

El respaldo al presidente Zelaya quedó de manifiesto cuando el mandatario pidió a los militares la entrega del material electoral y el destituido y luego repuesto comandante en jefe le dijo que no podía dárselos debido a los acuerdos de la Fiscalía.

Zelaya le respondió: Entonces ordénele al general X(no tengo su nombre) que me mate, porque voy a ir a buscar el material. Y fue, acompañado de miles de seguidores que en ese momento le manifestaban su apoyo frente a la sede del gobierno.

Esto dio una idea de lo que podría suceder si se intentaba algo en contra del presidente, de ahí que se optara por secuestrarlo en horas de la madrugada, argumentando el cumplimiento de una orden de la Fiscalía.

Mientras se reúne el Consejo General de la OEA, se convoca al Sistema de Integración Centroamericana y a la Alternativa Bolivariana para las Américas, Alba, hay fuertes declaraciones de repudio a este golpe de Estado.

La Unión Europea, en una declaración de los 27 ministros de relaciones exteriores afirma que el derrocamiento del presidente Zelaya es una violación inaceptable del orden constitucional en Honduras,exige la liberación inmediata del presidente y un retorno a la normalidad democrática.

En contraste el presidente Barack Obama dijo que estaba muy preocupado por lo sucedido, que cualquier conflicto y disputa deben resolverse pacíficamente a través de un diálogo sin interferencias externas y tal como lo había hecho la OEA antes del golpe, Obama le pidió a todos los actores políticos y sociales de Honduras respetar las normas democráticas y los principios de la Carta Democrática.

Este no compromiso de Obama se corresponde con las declaraciones del embajador estadunidense en Honduras, quien recibió instrucciones del departamento de Estado y regresó en la víspera del golpe.

Ese embajador, Pedro Llorens, es el que había designado Bush. A esto se agrega que en este episodio ha participado un viejo y desprestigiado conocido como Otto Reich, que fue subsecretario para América Latina de la administración Bush, por eso este episodio se parece al del secuestro del presidente Chávez, en el que también estuvo involucrado Reich.

Sólo cabe agregar que la política de Obama de desentenderse del comportamiento pasado de su país y de mantener en sus puestos a quienes representan la política bushista está minando la cuota de poder que tiene, que no es mucha, y también su popularidad.

El presidente Zelaya, desde Costa Rica, adonde fue llevado, le ha pedido que aclare o si está detrás de esto.

*La autora es periodista chilena radicada en México, colaboradora de Prensa Latina

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