Micheletti: El gorila tenía un mal sueño

Autor:

Ricardo Ronquillo Bello

Especial del Golpe de Estado en Honduras

Los despachos de agencias de noticias revelan que Roberto Micheletti, quien usurpó este domingo la presidencia de Honduras tras un zarpazo militar, no es más que un viejo gorila con un mal sueño, cuya concreción le durará muy poco, a juzgar por la indignación del pueblo hondureño y la comunidad internacional.

El golpista designado este domingo por el Congreso para reemplazar al legítimo presidente hondureño Manuel Zelaya, ha encontrado el atajo de la brutalidad fascista y derechista para llegar a la presidencia del país que tanto ansiaba, y que las disputas internas de su partido le habían vetado.

A sus casi 61 años, los cumple en agosto, según AFP, este diplomado en administración de empresas y gerencia en universidades estadounidenses, ha pasado cerca de treinta años en la vida política del país.

Entre 1980 y 2005 fue diputado del Congreso por el departameto Yoro. Compañero de Zelaya en el Partido Liberal (PL, derecha) tenía todas las razones, según esa agencia, para ansiar su puesto: perdió las internas del partido con Zelaya.

Tampoco tuvo mejor suerte —reseña la entidad noticiosa— en el último intento, cuando tuvo que maniobrar para que no lo afectara el reglamento que impide a los presidentes del Congreso aspirar a la magistratura de la República.

Cables noticiosos indican que volvió a perder en las internas contra Elvin Santos, vicepresidente de Zelaya, con su partido dentro del partido: el Movimiento Liberal Micheletista.

Este cacique de la política hondureña, como lo califica la agencia, ha tenido que esperar a este complot político militar de la extrema derecha para hacer realidad sus tantas veces frustradas pretensiones presidenciales.

No son pocos quienes se sorprenden de la facilidad con que Micheletti fue anunciado como la cabeza del zarpazo militar cuando tampoco es santo de devoción de gran parte del Parlamento.

Al ofrecer su versión de la asonada castrense dijo que no había sido un golpe de Estado, sino que se trató de un «proceso absolutamente legal». ¿Será acaso que el gorila además de sueños frustrados sufre de desvaríos?

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