«Miche», el bacán

Autor:

Juventud Rebelde
Desde el 28 de junio de 2009 el mundo entero ha quedado boquiabierto con la instauración de uno de los gobiernos más democráticos, benevolentes y populares de toda la historia. Sí, se trata de la llegada a la presidencia por vías demasiado modernas —sin usar un centavo, un arma o un alfiler— del caritativo, tierno, cordial, carismático, hijo del pudor, singular (cuidado al escribir esta palabra), afectuoso, virtuoso, generoso, piadoso (y todas las terminaciones OSO) Roberto Micheletti, el «nuevo mandatario» de Honduras, el nacido en El Progreso —no por casualidad—, el bueno de la película (no de Hollywood).

Si no lo sabían, el «Miche», parido en agosto de 1948, ha gobernado con modera y modestamente (valga la terminación MENTE), con mano suave y con tal grado de compasión que hasta sus enemigos —que son pocos— lo han aplaudido. Fíjense en las manifestaciones callejeras. ¡Qué respeto, qué admiración, qué afecto! Si Aquiles fue en tiempos homéricos «el de los pies ligeros», este caballerito pudiera ser «el de los pies de dinosaurio». (Recuerden que aquellos animales prehistóricos tenían el corazón grande, al igual que el Miche.)

Hay quien ha insinuado que es un usurpador. Pobre hombre que tanto ha hecho por la democracia durante tres décadas, en las que nunca ha sido un político politiquero. Si por él hubiese sido, hace rato hubiera dejado la política y se habría dedicado al mundo artístico, porque tiene buen nombre de cantante o de cineasta. Pero no, la gente ahí, de jodedora, lo ha obligado a quedarse en ese mundo que tan poco le ha reportado.

¿Cómo pueden llamar usurpador a quien juró solemne y transparentemente (aquí también hacía falta MENTE) su cargo delante de cámaras de televisión? La toma de posesión fue tan limpia que ninguno de los turbios gobiernos del mundo asistió a esta. Ellos se lo pierden, habrá dicho Robertico.

Durante su largo y próspero mandato, decretó que nadie podía salir a la calle por la noche. Pero no lo tomen a mal: no es un toque de queda ni nada por el estilo, él solo quiere preservar a sus compatriotas, cuidarlos, protegerlos del «chavismo» porque como mismo ciertos hombres se convierten en lobos durante la noche, ciertos hondureños pudieran convertirse en «Chávez voraces» durante las lunas. En eso no se sabe si tendrá razón porque el venezolano si algo promueve en sus intervenciones es el alba, no el ocaso.

Para el Miche la prioridad es distinta a la de otros: que sus conciudadanos gocen el sol porque ya llegó a la convicción de que las noches se hicieron para las lechuzas, los murciélagos y otros bichos.

Hay quien dice que es un gorila. ¡Oigan eso!, debe ser una metáfora. Los gorilas no pueden darse besos con los militares defensores de la patria, ni con los generalotes, ni con los jueces más supremos que Dios, ni con los congresistas almidonados, ni con los empresarios de bolsillos inflados, ni con los francotiradores, ni con los matones, ni con los que lanzan balas o gases lacrimógenos, ni con los que parten cabezas y encarcelan. Los gorilas no hablan y Micheletti todos los días le ha hablado sin parábolas a los medios, le ha revelado su bondad extrema. Los gorilas tampoco pueden montarse en un avión para viajar a Costa Rica como un golpe publicitario (él sabía que no se reuniría con Zelaya). Los gorilas están en la selva y los zoológicos, y Miche está firme firme firme en la presidencia.

Sobre el cuestionamiento internacional a él y a sus subordinados, no es de dudar que exista una «campaña mundial» en su contra, encabezada por los gobiernos comunistas de Cuba, Costa Rica, Canadá y la Unión Europea, los que seguramente han usado montajes y trucos para presentar al nuevo gobierno como asesino. Estos comunistas no son fáciles, hasta penetraron la OEA y el Banco Mundial.

Otra aclaración: ya Micheletti comenzó cierto entendimiento con Israel y fue reconocido por el alcalde de un caserío de un barrio del reino de Tonga. De modo que no está aislado, ni desprestigiado, como creen algunos.

Sobre los militares y policías en las calles: se trata de una iniciativa, merecedora del Premio Nobel de la Paz, para llevar paz, amor, esperanza y dignidad a la ciudadanía, para evitar revueltas y disturbios y para engalanar el ambiente hasta las próximas elecciones de noviembre. Eso de que todo el mundo ande vestido de paisano, sin un policía o un soldado por metro cuadrado, luce mal.

Algunos ni saben que Miche nombró un gabinete respetable. Por ejemplo su canciller, Enrique Ortez, tan cortez con Z, hasta se gastó una bromita con Obama, al nombrarlo «negrito» que no sabe ni dónde queda Tegucigalpa.

Y sobre el cierre de medios, los tapa bocas a periodistas, la intimidación a emisoras hay que decir que eso está relacionado con el deseo de evitar la propagación de la influeza A H1N1. Los resultados han sido fabulosos.

Por esa y otras medidas no queda más que admirar a Micheletti, tan bacán, como dicen los cubanos frente a los «bueni buenos».

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