Cómo hacer que dé la cuenta - Opinión

Cómo hacer que dé la cuenta

Autor:

Ricardo Ronquillo Bello

El pluriempleo, esa puerta abierta en días recientes en el camino del desafío personal, levanta más salpicaduras de las que notamos a simple vista. Tal vez porque llega en momentos en que es difícil deshacerse de las suspicacias.

La cuenta no me da, dicen algunos. Otros, que aunque no les de, les posibilitará estar más holgados; o que la decisión no será tan funcional ahora como en el futuro, cuando existan menos incongruencias entre los ingresos y el valor de cuanto se produce...

La medida se engarza con el círculo vicioso entre la productividad y los nudos que la atan. Esos que parecen necesitar del sablazo de Alejandro Magno; un tajazo que desbarate cualquier trabazón, por muy gordiana que parezca.

Las posibilidades de emplearse cuantas veces las habilidades, la salud y la voluntad puedan, y por supuesto los empresarios quieran, aparece cuando aún está por cuajar, como el queso guajiro, una decisión anterior: la expansión del pago por resultados.

También cuando no acaban de ajustarse formas de organización productiva y manejos presupuestarios y empresariales con mayor y decisiva participación de los trabajadores, que permitan establecer con claridad cuántos y para qué se requieren verdaderamente en cada lugar.

En un escenario tan complejo es normal que existan personas a quienes les provoque ojeriza la sola idea de que se pretenda mejorar los ingresos a partir de la doble contratación, bajo el imperio de los preceptos que ahora deciden los pagos.

De ser así, se cuestionan, no serían pocos quienes se vean obligados a doblar «el doble» las espaldas, para al final de la jornada poder comprar un poco más de croquetas y frijoles negros, como se queja un vecino.

El pluriempleo debe servir para incentivar en vez de agobiar. Debe dejar la sensación de un estímulo y no de una carga, una más entre las muchas que ya pesaron en estos años sobre los trabajadores del país. Un duro esfuerzo adicional nunca podrá dejar de serlo, pero los frutos a esperar de él no deben verse con ligereza, para que de verdad se perciba que el bienestar puede salir del trabajo.

De ocurrir lo contrario, sostienen no pocos, la doble contratación podría derivar de corrector de desajustes sociales y productivos, en un nuevo corruptor de estos. No faltarían quienes trabajen a media máquina acá y acullá, en una carrera desesperada contra el tiempo y los ingresos. Incluso, algunos decidirían seguir jugando en el terreno de la ilegalidad, donde tal vez bateando menos se anotaría más.

A la altura de estas líneas no faltará quien piense que este periodista se posa como tiñosa antes de que aparezca «el muerto». Y juro que no pretendo «matar» esta prometedora criatura al momento de nacer. Sueño verla crecer sana, vigorosa, para que de pequeña hermosa no derive en otra deforme.

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