La alcancía está a la derecha

Autor:

Yurisander Guevara

¡La alcancía está a la derecha!, gritaba el chofer a las personas que abordaban el ómnibus. Los pasajeros invadían el vehículo rápidamente en busca de cada espacio libre para hacer lo más placentero posible el viaje... pero la alcancía no sonaba.

Así, parada tras parada, el chofer vociferó su pregón, y solo en contadas ocasiones tintineó la caja recaudadora. ¿Cuánto recogió al final de su jornada? Eso nunca lo sabré.

Pero sí estoy seguro de que «se ha puesto de moda» la práctica de no pagar en los ómnibus urbanos a raíz de la sustitución de los tradicionales conductores por alcancías.

Y el problema ya pasa de castaño oscuro. No son solo aquellos que padecen de «ceguera» quienes faltan al cumplimiento de su deber ciudadano, pues hay otros que delinquen de maneras más sutiles.

Tal es el caso de los timadores que insertan un peso de papel envuelto para disimular, porque lo rasgaron a la mitad.

Al principio no quería creer «la bola», hasta que un día un pasajero comentó en mi presencia que había visto varios de esos billetes picados. Aquella confesión a media voz me dejó helado. ¿Cómo se puede tener la desfachatez de cometer tal fechoría? ¿Acaso no se hizo público que cada uno de estos ómnibus costó alrededor de 250 000 dólares?

Quizá es hora de pasar de la etapa del llamado a la conciencia ciudadana, a esa otra en que el peso de la ley haga temblar a los malhechores.

Pues si bien es cierto que conseguir un poco de «menudo» es a veces tan difícil como labrar la tierra con las manos, no se puede permitir que pesos picados, arandelas y hasta monedas extranjeras sustituyan lo que debe ser recaudado para el pueblo trabajador.

Si queremos disfrutar por más tiempo de estos cómodos equipos, se hace necesario un trabajo por parte de la comunidad y las instituciones responsables para revertir esta peligrosa práctica.

Las soluciones pueden ser diversas, mas los razonamientos en blanco y negro deben tomar color de inmediato.

Entonces muchos culparían al Estado por no mantener las Yutong sobre nuestras carreteras. ¿Y con qué las mantendremos si no pagamos? Montar «por detrás» o mirar fijamente a la izquierda en la puerta delantera son acciones de burla hacia aquellos que cada día construyen con sudor el futuro de esta calurosa nación. No permitamos al descontrol seguir riéndose en nuestras narices.

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