La escuela sí, pero la familia también - Opinión

La escuela sí, pero la familia también

Autor:

Diego de Jesús Alamino

En páginas de este mismo diario comenté una expresión oída en esos días finales de las vacaciones escolares: ¡Tengo ganas de que empiecen las clases!

Quien así invoca para que la escuela le resuelva los problemas con el escolar con el cual convive en el hogar, debe estar atento a que para el próximo curso muchos estudiantes tendrán sus escuelas en los lugares de residencia y una presencia permanente en el núcleo familiar.

La Constitución de la República de Cuba expresa que: «El Estado reconoce en la familia la célula fundamental de la sociedad y le atribuye responsabilidades y funciones esenciales en la educación y formación de las nuevas generaciones».

Luego la familia debe prepararse para chequear día a día si ha realizado la tarea y otras cuestiones que en buena medida estaba asumiendo la beca.

En su inmensa mayoría la familia siente satisfacción por las nuevas condiciones en que comienza a desarrollarse la educación de sus hijos, y si atrevo este comentario se debe a la presunción de que una prolongada falta de costumbre y el acomodamiento a determinadas condiciones hayan hecho que ciertas familias olvidaran perspectivas de lo que les corresponde en la educación de los hijos.

Lo anterior no quiere decir que la escuela se replegará en cuanto a la educación de las nuevas generaciones. Esa preocupación está refrendada en el artículo 39 de la Constitución, cuando expresa que «El Estado orienta, fomenta y promueve la educación, la cultura y las ciencias en todas sus manifestaciones». La Escuela Cubana continuará fiel a la convocatoria de Luz de convertirse en un «Evangelio vivo».

Es cierto que la familia cubana actual no encaja estrictamente en el concepto tradicional de familia, pero siempre habrá una familia, como dijera Martí, «unida por la semejanza de las almas».

A ella apelamos para la preocupación por la educación. No es estrictamente necesario que existan lazos de consanguinidad: los adultos que viven en conjunción con estudiantes están instados a preocuparse por su educación en igual medida que los progenitores.

*Profesor del Instituto Pedagógico Juan Marinello, Matanzas.

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