África y el cambio climático

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Un día no muy lejano, el incipiente velo helado del Kilimanjaro —bastante copioso hace décadas— solo existirá en la literatura del escritor norteamericano Ernest Hemingway. Ese mismo día, quizá el lago Chad sea un pedazo de desierto o el Victoria solo podrá acoger a unos cuantos renacuajos, mientras África, considerada hoy el pulmón del planeta por sus enormes selvas y bosques tropicales, se convertirá en un órgano enfermo, incapaz de proporcionar una bocanada de aire puro a un cuerpo que desde hace años presenta dolores desgarradores provocados por la irracionalidad de quienes lo administran.

Quizá dentro de cientos de años la forma triangular de ese continente sea un cuadrado, un círculo o sencillamente amorfa, si tenemos en cuenta que hace tres años el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente anunció que, en 2080, setenta millones de africanos y el 30 por ciento de la infraestructura costera del continente estarán amenazados por inundaciones debido al incremento del nivel del mar.

El caliente y seco manto del desierto del Sahara robará cada vez más extensiones de tierra a la agricultura, y en 2025, unas 480 millones de personas pueden estar viviendo en áreas donde escasee el agua, mientras las insoportables temperaturas alimenten la propagación de epidemias como el cólera y el paludismo.

El futuro es tan preocupante como para dejar a un lado la inercia y correr. Pero esa es una carrera en la que es imposible llegar a la meta por sí solo. Igualmente infructuoso es que en el camino se desgasten solo los más afectados, mientras que los verdaderos culpables de la catástrofe se disputan las ínfimas cuotas de gases con efecto invernadero que deben emitir sus economías industrializadas en un plazo de tiempo muy corto, para lograr revertir el daño causado a la naturaleza y a la vida misma del hombre.

Poco puede África hacer sola, sobre todo cuando es la que menos contaminación provoca y no cuenta con la tecnología de punta para dirimir el daño que el desenfreno de otros le ha causado. Estados Unidos, por ejemplo, emite más del 30 por ciento de los gases responsables del recrudecimiento del cambio climático; sin embargo fue el único país industrializado que no ratificó el Protocolo de Kyoto —que compromete a los estados firmantes a reducir en 5,2 por ciento sus emisiones contaminantes— arguyendo que ese instrumento puede afectar a su rampante economía.

Hoy las aspiraciones de desarrollo del más pobre de los continentes se encuentran amenazadas por las sequías, las inundaciones, las enfermedades, la hambruna, la pobreza y el incremento de los conflictos por los recursos naturales, realidades relacionadas con el cambio climático. Por ello, la voz de África no debe tener oídos sordos en ningún espacio donde se discuta el problema y las iniciativas para enfrentarlo.

En estos días, diez países africanos, reunidos en la sede de la Unión Africana (UA) —Addis Abeba, Etiopía— buscan una posición común del continente con vista a la próxima Cumbre del Clima de Naciones Unidas, que se celebrará en diciembre en Copenhague (Dinamarca). Los ministros de Medio Ambiente y Agricultura reunidos en la capital etíope proyectan exigirle al Primer Mundo que reduzca en un 40 por ciento sus emisiones de gases contaminantes a partir de 2012 y una compensación de 67 000 millones de dólares por año por los daños generados en África que, al igual que el resto del Sur, paga los platos rotos por los más industrializados.

El borrador de la resolución será debatido el 31 de este mes en una cumbre de la UA en Libia, de la cual debe salir una mayor plataforma conjunta respecto al cambio climático, de cara a la cita danesa.

La reunión de Copenhague será una nueva oportunidad para llegar a un compromiso político de las grandes potencias con la limpieza del mundo que ellos mismos ensuciaron. Y lo que exige África no es ni la chancleta de lo que realmente el Norte le debe, o de lo que le han insuflado estos gobiernos a sus bancos y empresas, tratando de rescatar a sus millonarios…

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.