28 °C En enero de 2008 una coterránea intentaba desde las páginas de este diario conciliar los fantasmas de su infancia en tierras yayaberas con el entorno actual de una de las más representativas construcciones eclécticas espirituanas.
En su crónica titulada Sagrada Sancti Spíritus (29 de enero de 2008), Rosa Miriam Elizalde describía La Colonia Española, un sitio de profundas huellas en el imaginario popular, devenido —como lo definió— en obscena catedral del dinero.
El olor a detergente, flores plásticas y etiquetas parece extenderse hoy entre vitrales y empedradas callejas. Frente al parque principal de la ciudad se rescata el edificio del antiguo Hotel Perla para establecer otra tienda de tres pisos que desafiará a cualquiera de sus similares.
El cambio de función social, junto a las correspondientes adecuaciones arquitectónicas, se presenta como alternativa frente a fallidos intentos por congeniar con una entidad que invirtiera para rescatar la instalación y preservara su uso tradicional desde 1915, fecha de inauguración del inmueble.
La Comisión Provincial de Monumentos y Sitios Históricos vetó el pasado año el cambio de uso y elevó el caso a la instancia nacional, apoyada en el principio de que toda restauración debe concebirse de forma integral, sin evadir el valor identitario arraigado en la memoria colectiva. No pocos espirituanos esperan escépticos la imagen definitiva de la reconstrucción, mientras la nostalgia les devuelve la apariencia original.
Lamentablemente casos como el de La Colonia Española, el Hotel Perla y el Museo de Arte Colonial, también cerrado al público desde hace un año en la tierra yayabera, se repiten en otras provincias, por carencias surgidas a partir de la difícil situación financiera, el bloqueo estadounidense a la economía de la Isla o concepciones que afectan el patrimonio.
La Historia transmite a las nuevas generaciones que también es necesario aplicar mecanismos más pertinentes en la conservación del acervo cultural. Más allá de dádivas, oleajes económicos y sorteos inversionistas, estructuras como las implementadas en beneficio de los centros históricos de La Habana, Trinidad y Camagüey evidencian cuánto recursos aporta el mismo patrimonio a la hora de garantizar su preservación.
Recordemos que la arquitectura da fe de la voluntad de toda época. Los nombres se olvidan, las vidas cambian, pero las piedras custodian por siempre el musitar de cada tiempo.
Bueno el artículo. Soy espirituano en ausencia y cada vez que visito mi amada ciudad busco esos edificios que junto a otros, son parte del alma del pueblo. Gracias Miguel Angel por ocuparte de mi patria chica
Los centros históricos de La Habana, Camagüey o Trinidad no pueden compararse con otros lugares de Cuba en cuanto a la antigüedad, preservación, amplitud y diversidad de su patrimonio. Otras ciudades de la isla, si bien no tienen un ambiente urbano añejo tan bien definido o valioso, tienen algunas perlas a conservar. Pero el caso es que los Gobiernos Provinciales o Municipales, o las Sedes de Patrimonio Provinciales, no cuentan con los recursos ni el apoyo que cuentan otros puntos de mucho más valor a nivel urbano y arquitectónico, pues no somos un país que pueda darse el lujo de invertir todo lo que desearía en el mantenimiento, restauración o rescate de su patrimonio edificado y debe focalizar sus inversiones en este sentido en puntos estratégicos y priorizados. Quizás La Colonia Española en Sancti Spiritus se ha convertido en una obscena catedral del dinero, pero lo más seguro es que no tenía otra opción para su restauración y rescate arquitectónico y los tomadores de decisiones a nivel provincial no tenían otra alternativa que o ceder en ese sentido o dejar que el edificio caiga. Soy de Santa Clara y puedo dar otros ejemplos, como son el edificio Villarista o el Hotel Central que han estado décadas cayéndose a pedazos, perdiéndose sus valores arquitectónicos, y sólo ahora se rescatan para convertirlos, del mismo modo, en otras obscenas catedrales del dinero, por cierto, casualmente, pertenecen a la misma cadena de tiendas que la Colonia Española en la vecina provincia. Sería muy bueno que nuestros periodistas profundizaran en estos problemas, se acercaran a los Gobiernos Municipales, a las Sedes Provinciales de Patrimonio, o las Direcciones Generales de esas cadenas de tiendas para ver de dónde proceden esas decisiones, o con cuánto apoyo o disponibilidad de opciones cuentan en cada territorio para poder decidir, como se desearía, el uso para cada edificación en cada caso. Eso quizás aclararía muchas inquietudes de los pobladores de muchas ciudades cubanas que ven, en la mayoría de los casos, o que sus joyas arquitectónicas languidecen o que se convierten en obscenas catedrales del dinero.
Gracias por retomar el tema y darnos la buena noticia de que la Comisión Provincial de Monumentos vetó el cambio. Para mí, como para muchos de los espirituanos ausentes y presentes en la bellísima ciudad, sentíamos que convertir en palacios de la pacotilla esos sitios era una afrenta que no merecemos, ni nosotros ni nuestra cultura. ¿Te imaginas el Capitolio convertido en una shopping donde lo más visible son inodoros a precios de oro? La Colonia es nuestro Capitolio, como el Hotel Perla, donde varias generaciones escuchamos por primera vez "Pensamiento", podría ser perfectamente la Catedral, tan sagrada como la otra, porque ese lugar asistió al nacimiento y a la madurez de la trova espirituana. No se trata solo de nostalgia, defender lo que eran es la única garantía de que sigan siendo lo que fueron, más allá de nosotros mismos.
No sé hasta que punto el interés de los comentarios en esta web sea establecer una polémica (en buen sentido) entre los que opinan, pero la noticia del veto del cambio por la Comisión Provincial de Sancti Spiritus que nos ha dado Rosa Miriam creo que aporta un nuevo elemento. El que escribe es arquitecto, trabajo en una empresa de proyectos y antes trabajé en la Dirección Provincial de Planificación Física, así que tengo algunas nociones de lo que hablo, pero sobre todo preocupaciones como ser social al igual que otros la tienen, tengan o no un vínculo directo con la especialidad, de todos modos, el uso del suelo y las intervenciones urbanísticas o arquitectónicas afectan a todos. Yo no quise minimizar la importancia cultural o patrimonial o sentimental que pueda tener el Hotel Perla para los espirituanos. Todo lo contrario. Y claro que, como dice Rosa Miriam, es para ellos su Capitolio y uno de sus tesoros construidos. Y tanto valor puede tener una gran zona patrimonial como un preciado edificio de una ciudad o un pueblecito que no sea la capital. Patrimonio Provincial vetó el cambio de uso. Me pregunto: ¿el edificio, hoy, tenía uso? ¿o lo que se vetó fue el uso de suelo que sigue siendo para un hotel u otro que no será una tienda? ¿si ya no será una tienda y no será remodelado o reconstruído, cuál será el destino final de la edificación? Como se darán cuenta, yo no conozco el Hotel Perla y su estado actual. Pero supongo que hablamos de un edificio muy deteriorado que en este momento no alberga uso alguno y corre peligro de deterioro. No es que sea un defensor de las tiendas en divisa ni mucho menos que las vea como la salvación del patrimonio edificado. Sólo opino que al lograr que un inmueble con valores culturales, patrimoniales, históricos, etc no sea utilizado en un uso no conveniente, es un logro significativo, pero si el edificio sigue abandonado, no se le destinan recursos para conservarlo ni aparece un nuevo uso o un nuevo inversionista, puede perderse definitivamente o en gran medida si la intervención es tardía. En muchos casos no se trata del uso exclusivamente que se le desee dar, sino de la salvación del edificio como tal, y es ahí donde surgen nuestras preocupaciones, la de Rosa Miriam, la de Miguel Ángel, y la de los cubanos que deseamos un entorno mejor y la conservación de los valores materiales. Cómo compaginar la preservación con los usos del suelo, los momentos económicos del país, y las prioridades de inversión, es algo bien complicado. No digo ni pienso que sea fácil. Y gracias al periódico por permitir el intercambio.
estoy totalmente de acuerdo con el comentario sobre el hotel Perla,que pena que nadie se preocupe por preservar nuestros valores,que falta le hace un Eusebio Leal a nuestra tierra del Yayabo. gracias,Otto
Pienso que es muy necesario que Cuba rescate nuestras riquezas arquitectónicas, buscando nuevas alternativas para no perder esos grandes patrimonios que son fuente de belleza que enriquezen nuestro país, pero que también son una gran fuente de nuestra rica herencia cultural, la que nunca debemos perder bajo ningún concepto, no importa la situación que esté viviendo el país. Nuestras raíces deben prevalecer por encima de todo, pues son nuestra carta de presentación ante el mundo, son nuestro carnet de identidad. Por eso estoy de acuerdo en rescatar toda esta herencia, pero que sea como se debe, sin perder nuestras raíces, nuestros háitos o costumbres, nuestro sello de nuestra real cultura,que prevalece por encima de todo «la Espanola».Estoy muy de acuerdo,que deberían haber más Eusebios Leal, para regarlos por toda nuestra hermosa Isla de CUBA.