Bases de Paz: unidad bolivariana frente al imperio

Autor:

Juana Carrasco Martín

CARACAS.— La idea se expresó públicamente por vez primera el pasado 7 de agosto, cuando el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, recibió al grupo de Colombianos y Colombianas por la Paz en el Palacio de Miraflores y propuso crear Bases de Paz, frente a la decisión del mandatario Álvaro Uribe de abrir a la presencia militar estadounidense siete bases en el territorio de su país, una ofensiva y peligro real para la estabilidad de la región.

«¿Por qué no creamos entonces unas bases de paz? Venezuela está a la orden para crear cuántas bases (...) Si allá abren siete, aquí abrimos 70 (...) Y empezamos a armar las bases con campamento y todo; no es una cosa utópica, simbólica; invitamos a conferencias e izamos la bandera: es territorio de paz», dijo Chávez, ante el grupo huésped, representantes de refugiados colombianos, y de la senadora Piedad Córdoba. También propuso crear en Venezuela «una fundación de venezolanos por la paz en Colombia».

El apoyo para «habilitar espacios de búsqueda para la paz» se lo había hecho en ese encuentro la ex alcaldesa colombiana de Apartadó, Gloria Cuartas.

Y no quedó en el camino la respuesta: apenas cinco días después quedaba instalada la primera Base por la Paz en Valencia, estado Carabobo, donde viven 360 000 neogranadinos de los cuatro millones que se calcula residen en todo el territorio venezolano.

A partir de ese momento, se han multiplicado esas plataformas de concordia que también servirán como centros de atención a los colombianos migrantes que han encontrado refugio y residencia en Venezuela, una población incrementada en los últimos cinco años, porque son cada vez más los que cruzan la línea imaginaria en busca de un sosiego y seguridad que no encuentran en su país de origen.

El rechazo a los enclaves militares sometidos al acuerdo con el Pentágono estadounidense, tiene cimiento sólido entre una parte de los colombianos, lo decía hace unos días el diario El Tiempo, de Bogotá, y como es de suponer también entre aquellos que viven en territorio venezolano.

En la Base de Paz de Valencia —ciudad donde el 80 por ciento de sus habitantes es de origen colombiano— se juramentaron el primer día 136 promotoras y promotores de paz itinerantes —anunciaba en su número cero el Correo del Orinoco, periódico que retoma el nombre y los propósitos del que fundara Bolívar para ser «artillería del pensamiento».

Juan Carlos Tanus, presidente de la Asociación Colombianos en Venezuela, explicó a la prensa cubana los objetivos de estos puntos para la hermandad, que pronto serán 70 en toda Venezuela, diez por cada punto militar para la agresión.

«Las bases de paz tienen como propósito generar mayor grado de conciencia en la población de origen colombiano que ha emigrado a Venezuela y que desconoce los orígenes del conflicto colombiano, pero que también desconoce el impacto que tiene para Colombia la ampliación de las tropas norteamericanas en su territorio.

«Son espacios de encuentro donde la comunidad recibe orientación, recibe charlas; y que a través de videos, de conferencias, a través de conversatorios, se generan esos grados de conciencia; porque la finalidad es que podamos contrarrestar la agenda de guerra que impone el imperio norteamericano, que ha impuesto históricamente el Pentágono hacia esta región del continente.

«Para Colombia, como país expulsor de población migrante, no hay un conocimiento frente a la realidad que padecemos los colombianos que estamos en el exilio, que estamos en el extranjero. Colombia, sin preocupación frente a ese hecho, asume la dinámica de que permitirles a los norteamericanos el desarrollo en siete bases colombianas no implicaría generar mayor volumen de expulsión de población colombiana. Para Venezuela sí, porque Venezuela es la que recibe a la población colombiana y es la que tiene que iniciar una política publica de atención y asistencia para esa población.

«Entonces, frente al lenguaje de la guerra, Venezuela tiene que generar oficinas como esta, Bases de Paz, oficinas de atención al migrante, para que este desarrolle su proceso de inclusión social a partir del modelo de gobierno que se está desarrollando en Venezuela, y que contrasta con el modelo que se ejecuta en Colombia.

«Dos modelos totalmente opuestos, antagónicamente opuestos; esa diferencia el migrante la empieza a asimilar, porque genera un sentido de pertenencia para con este modelo que lo ha incluido socialmente y contrarresta al modelo que lo expulsó de sus sitios de origen.

«Ese es el caso de Colombia con el presidente Álvaro Uribe, que en los últimos cinco años ha registrado un flujo muy alto de migración, se calcula que unos 480 000 colombianos; y solo en 2008 se han movilizado 23 000 de Colombia hacia Venezuela, y que fundamentalmente vienen a desarrollar aquí su proyecto de vida, porque en Colombia no pudieron hacerlo».

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